¿Quién son los Anderos?

Ser andero no tiene edades. Desde que un niño empieza a asistir a sus primeras procesiones y entender qué son y lo que representan, si va a ser andero, ya se te nota una inquietud especial sobre el ambiente que rodea a las procesiones; empiezas a merodear en los preparativos de las andas, te interesa, preguntas, y luego en la procesión te ofrecen para llevarte el “palo de descanso”.

Aún recuerdo cuando antes de que existieran las cofradías, los jóvenes y no tan jóvenes del pueblo con su ilusión y esfuerzo, recolectaban donativos de casa en casa para poder arreglar los tronos con sus flores correspondientes. El día de la procesión desde muy temprano ya merodeaban impacientes cada uno alrededor de “su santo’, colocando en el palo su pañuelo, señalando cual era su sitio.

Es una vivencia personal. Desde muy pequeño ya hacía con mis amigos procesiones y me imaginaba cuando llegaría el día en que yo pudiera llevar un santo de verdad. Cuando veía las procesiones sentía la impaciencia de: ¡cuándo sería mayor para sacar los santos en procesión!.

Ser andero nunca es un acto de lucimiento personal, sino un acto público de manifestación de fe y amor a Cristo. Significa asumir un reto, un compromiso, una carga que cuanto más pesada es, más te satisface; la condición de andero es una paradoja, es una aceptación a prior¡ de¡ trabajo, esfuerzo y sacrificio voluntarioso, y que tiene como única recompensa la mayor de todas: la satisfacción del deber cumplido para el Señor.

Por eso ser andero es un acto de voluntad propia, que uno elige, que nace desde el interior. No es algo que se pueda exigir, porque su duración sería fugaz. El andero debajo de su trono asume una actitud de respeto y de humildad al portar sobre sus hombros la imagen de ese santo por el que siente una devoción especial. Mediante este acto de fe se convierte en un espejo donde muchos se pueden mirar.

Uno siente una satisfacción plena cuando debajo de unas andas se encuentra una combinación de madurez y experiencia con muchas procesiones a sus espaldas, fusionada con sangre joven llena de fuerza, que a lo mejor va a vivir su primera procesión debajo de las andas, sintiendo en sus carnes, una sensación de duda, incertidumbre y de ansiedad porque ¡empiece ya!. Jóvenes y mayores forman una sola fuerza, un solo sentimiento, y todos al mismo paso salen a la calle dispuestos a hacer ese esfuerzo que envuelve de elegancia, armonía y sobriedad el trono.

La condición de andero es para siempre. Aquel que por el devenir de la vida o del destino no pueda estar debajo de unas andas, cuando vea pasar una procesión resurgirá en su interior un torrente de fuerza que le hará sentir una ilusión, respeto y alegría como si el peso del trono estuviera cayendo sobre sus hombros. Debajo de las andas te sientes unido a tus compañeros, y se pasa de ser personas que la vida lleva por caminos distintos a unir todos nuestras fuerzas y formar parte de una misma Familia, donde la solidaridad y el compañerismo reinan para que Cristo triunfe.

Sebastián Miñano Turpín

https://sites.google.com/site/cofradiaricote/project-definition/anderos

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