AMAR Y SERVIR

El pasado 31 de julio fue el día de San Ignacio de Loyola, el fundador de la Compañía de Jesús. Y leyendo acerca de él me llamó la atención la expresión de que San Ignacio dio con la clave: “¡EN TODO AMAR Y SERVIR!” Cuánta complejidad hay en estas pocas palabras!

Como cristianos debemos amar a Dios, a todos y a todo en lo que Él está representado. Y hay veces que ese amar, ese “darse” no es nada fácil y tiene que llevar implícito mucho coraje. Coraje que, contra todo pronóstico, se traduce en misericordia, porque la misericordia es de los valientes. ¡Y cuánta falta nos hace  beber de esa fuente en el día a día!.

¿Cuántas veces nos quedamos a medias en nuestras vivencias personales, familiares , laborales… por no ser capaces de crear ese vínculo con el otro que nos permita, en esa cercanía cristiana, amarlo?

El trepidante ritmo de vida que llevamos, atendiendo principalmente a nuestras cosas, no nos deja ver a nuestro alrededor y hay muchos momentos en los que se hace preciso detenernos a mirar más allá; a reflexionar.

Se puede atender aquí o allá, lo uno o lo otro…, en cualquier ámbito de la vida. Se puede simplemente servir. Pero hacerlo amando es el detalle que imprime la diferencia. Así pues se hace necesario mucho coraje, pero no físico, ni tan siquiera psicológico, sino espiritual. Sobre esto trabajó San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales, y en ello tenemos también que trabajar, reconociendo de antemano que caeremos muchas veces, pero a la vez manteniendo el deseo y la firme voluntad de intentar servir como San Ignacio de Loyola, de la mejor manera que puede hacerse: SERVIR  AMANDO. L.P.A.

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