III Mandamiento (2a parte): Acuérdate de santificar las fiestas

…Continuar esta relación con Dios a través de las Misas del Domingo o del Sábado, nos garantiza la armonización de nuestra parte ‘pragmática’ con la  ‘metática’. Ésta última es aquella que gestiona la parte cognitiva de nuestra persona, es la que da significado a las cosas, que nos hace entender quienes somos, por qué somos, de donde venimos y por qué existimos; todas estas preguntas encuentran su lógica en Dios y sólo en Él. Negarse en aceptar esto, significa aceptar de perder progresivamente aquella ‘divinidad’ a lo que somos destinados por ser a imagen de Dios, a perder nuestra dignidad de persona y, progresivamente, nuestra humanidad hacia los demás porque aquella ‘brújula’ interior (conciencia) que nos hace intuir donde está el bien y donde está el mal no tendría fuerza suficiente para ser escuchada. Sería como estar a la merced de continuas e incesantes ‘interferencias’ que no te hacen oír la voz de la Verdad y de lo que es verdaderamente bueno para el ser humano y para mejorar éste mundo. Y no valen las excusas de no ‘sentirse bien’ en la Misa porque te recuerda constantemente tus fallos. Todos tenemos fallos, todos tenemos pecados. El secreto está en ser misericordiosos como el Padre también hacia nosotros mismos pero, al mismo tiempo, admitir y asumir que el Bien necesita nuestro compromiso para que se realice también en nuestra dimensión terrenal a través de nosotros y que el Verdadero Bien solo se encuentra en la Lógica de Dios, en Su Cuerpo y en Su Sangre. Y si, por varias razones, no podemos temporalmente alimentarnos de Cristo, al menos acudir a Misa para no cortar, nosotros, el enlace con Él… Yo misma experimenté todo esto y sé que hay que trabajar sobre nosotros mismo, pero, al final, vale siempre la pena. (Continuará…)

 

Comentarios cerrados.