442 años de vida parroquial

Si cada día que vivimos es una página del libro de nuestra vida, resulta que el LIBRO DE LA VIDA DE LA PARROQUIA tiene escritas ciento sesenta y una mil trescientas treinta páginas, repletas de intervenciones de Dios en la vida de muchísimas personas que a lo largo de cuatrocientos cuarenta y dos años han pasado por nuestra parroquia y han formado parte de la comunidad parroquial que hoy sigue en pie y con gran vitalidad: sacerdotes cuyos nombres tenemos en la cabeza y permanentemente en el corazón…, laicos que se desviven por la parroquia, por sus curas…, personas adultas que cuidan el sagrario, que no dejan que la luz se apague, que pasan horas en el templo para que permanezca abierto y limpio…, jóvenes que crecen en su fe y ayudan a que crezca en niños y otros jóvenes…, catequistas, coros, grupos de acción y de formación…, tantas y tantas personas que con su fe, su vida y su ejemplo sostienen la fe y la vida de la familia parroquial. ¡Cuántas gracias hemos de dar a Dios!…

Nuestro pueblo ha sido muy afortunado y su buena suerte continúa porque seguimos teniendo Eucaristía todos los días, gracias a los sacerdotes que la hacen posible…, porque en esta iglesia se nos ofrecen los sacramentos, las grandes oportunidades de encuentro personal con el Señor en momentos claves de la vida.

En nuestro templo hemos sido bautizados, hemos recibido la Confirmación, se han casado nuestros antepasados (abuelos, padres…) y muchos de nosotros; aquí se nos ofrece diariamente la posibilidad de recibir el sacramento de la reconciliación y de la comunión siempre que lo deseemos o lo necesitemos. ¡Qué suerte tener un sacerdote al frente de la parroquia!… Y tal vez no siempre lo valoramos en su justa medida.

Hay comunidades cristianas que no tienen misa ni siquiera una vez a la semana, porque ningún cura puede ir a celebrarla, tal es la escasez de sacerdotes…, y nosotros hemos tenido, tenemos y tendremos a lo largo de nuestra vida espiritual sacerdotes que nos han orientado, nos orientan y nos orientarán…, que nos facilitan la vida cristiana y nos allanan nuestro camino…. No importa quién sea el párroco, no importa que nos guste más o menos, no importa si tenemos más o menos afinidad. Cada sacerdote es un mensaje de Dios, un grito que nos recuerda lo mucho que nos ama. Con sus manos el sacerdote hace presente a Jesucristo en la Eucaristía…, presta sus labios a Cristo para repetir: “yo te perdono tus pecados”…, unge con sus dedos a los enfermos…, junta las manos de quienes prometen amor hasta la muerte en el matrimonio…

En este aniversario del nacimiento de nuestra parroquia deseemos sentirnos más Iglesia, más comunidad, más hermanos, en torno a nuestro Padre Dios, a nuestro párroco D. Raúl y nuestro paisano D. Antonio.

Vida Parroquial

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