El sentir y la oración

Desde pequeña aprendí los colores del arco iris pero nadie me enseñó cómo se llamaban los diferentes tonos de azul. Como tampoco me he dedicado a la pintura nunca he tenido el dilema de elegir qué tono de color comprar para pintar el mar en un día nublado (en algún sitio he leído que es el verde vejiga)….

Así que he llegado a una conclusión bastante simple y evidente: mi problema no está en la vista sino en mi ignorancia.

Por suerte sí que he encontrado personas que me han ayudado a poner nombre a las cosas que suceden en mi interior y en mi oración.

En mi interior hay todo un mundo de voces, ruidos y reflexiones que surgen de mí, de los que me rodean, de mi comunidad parroquial y también de Dios.

Poco a poco, voy aprendiendo a elegir los colores que me ayudan a llenar mi vida por dentro y por fuera con las tonalidades que mejor conjuntan con el paisaje que quiere pintar Dios en mi vida y en el mundo.

A. Ramirez

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