Vida Parroquial – Caminando con Cristo

Sábado Santo

El sábado santo, honra el descanso de Cristo en el sepulcro, su descenso a los infiernos y su encuentro con cuantos esperaban la apertura de los Cielos. Este día los cristianos se recogen en silencio y, mediante la oración y el ayuno, esperan la Resurrección del Señor. Por esta razón, la Iglesia no conoce reunión litúrgica alguna fuera de la celebración cotidiana de las Horas. La celebración del sábado por la noche es una Vigilia en honor del Señor según una antiquísima tradición, de manera que los fieles tengan encendidas las lámparas como los que aguardan a su señor cuando vuelva para que, al llegar, los encuentre en vela y los haga sentar a su mesa.

La Vigilia Pascual

Con la Vigilia Pascual, el Triduo Sacro y todo el año litúrgico alcanzan su centro, el punto donde confluyen las celebraciones anuales de los misterios de la vida de Cristo. La Vigilia Pascual es el quicio de todo el misterio de la Pasión y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Con la Noche Santa culmina el Santo Triduo e inicia el tiempo pascual: comienza cuando Cristo descansa aún en el sepulcro y termina en la madrugada del día consagrado a la gloria de la Resurrección del Señor. De aquí su contenido teológico encierra el misterio de Cristo salvador y del cristiano salvado. La Vigilia Pascual posee hoy día una estructura litúrgica articulada a partir de ritos con un hondo carácter simbólico: lucernario o liturgia de la luz, liturgia de la Palabra, liturgia bautismal y liturgia eucarística.

Domingo de Pascua de Resurrección

Toda la fe cristiana se fundamenta en la resurrección. La palabra Pascua quiere decir “paso”, “pasar”. La pascua de Jesús no es otra cosa que celebrar el paso de Dios en medio nuestro. Celebrar la pascua no es sólo recordar la Pascua de Jesús, sino decidir si queremos o no que haya un paso salvador del Señor por nuestras vidas.

La resurrección de Cristo nos llama a la vida. Por el bautismo, la iglesia nos llama a nuestra vida en Cristo. “Si hemos sido sepultados con él”, dice Pablo a los Romanos, “también hemos resucitado con él”. La resurrección de Cristo nos invita a una renovación personal.

Hoy damos gracias a Dios por su amor y por su triunfo sobre el pecado y le pedimos que siga transformando nuestras vidas en la presencia de su Hijo Resucitado entre nosotros.

Consejo de Pastoral

El Monumento del Jueves Santo

El Jueves Santo se conmemora la última cena del Señor y, dentro de este acontecimiento, la institución de la Eucaristía y del Orden sacerdotal, con una referencia especial a la virtud de la caridad que aparece como signo y don en la Eucaristía y que Jesucristo mostró y encomendó a sus discípulos al lavarles los pies.

El acto más importante de este día es la celebración solemne de la santa Misa en la cual, después del Evangelio, se hace el lavatorio de los pies. Después de la Misa se trasladan al sagrario, las formas consagradas para la comunión del día siguiente, Viernes Santo, en el que no se celebra la Eucaristía. El lugar de la reserva se adorna con flores y luces y es visitado por los fieles para adorar al Santísimo y velar junto a Jesús recordando la noche del Monte de los olivos, como antiguamente tenía cierta apariencia de sepulcro, se llama todavía el MONUMENTO.

La Octava de Pascua

La liturgia llama “octava” a la celebración continuada durante ocho días de una festividad solemne. En la liturgia judía ya se conocía esta celebración prolongada de una gran fiesta durante ocho días (Pascua, Ázimos, Tabernáculos), de los cuales el octavo se celebraba con gran solemnidad, pues recapitulaba, por decirlo así, la festividad del primero y de los subsiguientes.

La historia asegura que la primera octava cristiana que se ha celebrado como tal tuvo lugar con motivo de la Dedicación de las iglesias de Tiro y Jerusalén, las celebraciones se prolongaron durante ocho días En el siglo IV se asignan sendas octavas a Pascua y Pentecostés.

Algunos sostienen que esta costumbre se arraigó en el “retiro” gozoso y agradecido en el que permanecían los neófitos. Luego de estas hubo una proliferación de octavas pues se quiso dotar de ellas a las otras fiestas solemnes, incluidas, las de los santos, hasta que se estableció, para recuperar la noción teológico-litúrgica que, solamente contarían con “octava” las dos grandes solemnidades del año: Pascua y Navidad.

Con el Domingo de Resurrección comienza los cincuenta días del tiempo pascual que concluye en Pentecostés. La Octava de Pascua se trata de la primera semana de la Cincuentena; se considera como si fuera un solo día, es decir, el júbilo del Domingo de Pascua se prolonga ocho días seguidos.

Las lecturas evangélicas se centran en los relatos de las apariciones del Resucitado, la experiencia que los apóstoles tuvieron de Cristo Resucitado y que nos transmiten fielmente. ¡¡Feliz Octava de Pascua!!

Gr. Liturgia

 

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