Haced lo que Él os diga – HP n. 1126 – 1127

Como todos sabéis, el 2018 es el Año Jubilar en honor a San Vicente Ferrer, uno de los más importantes santos de Europa; un Santo Valenciano que marcó la vida de su pueblo y de todos aquellos en quien entró en contacto.

Fue un grande predicador y, sobre todo, un lógico. Tuvo el don de comprender la Lógica de Dios enseñando que, Ésta debe ser la guía de la lógica humana.

La lógica humana es extremadamente limitada porque es parte de la “criatura” y llena de confusiones porque ha sido corrompida por el pecado original, aquel “virus” que se comporta como un virus informático (hoy en día tenemos muchas más informaciones de una vez y podemos encontrar paralelismos muchos más efectivo pero la sustancia nunca cambia con las épocas: la Verdad siempre es la misma).

En una de las obras de San Vicente Ferrer “Vida de Cristo”, el Santo enseña precisamente esto: “Si querréis ser salvados, haced lo que Él os diga” ósea, haced la voluntad de Dios, porque, en efecto, solo Dios conoce perfectamente nuestro sistema natural (la Creación) y nuestro funcionamiento en cuanto Persona.

El Santo escribió: “Haced lo que Él os diga (Jn. 2,5). Tomamos estas palabras del original del Evangelio de San Juan (…) Entre todas las obras útiles y necesarias que podemos hacer para nuestra salvación, la mayor y principal es la obediencia a los mandatos de Dios. Y si cualquier hombre no la acepta porque piensa que de otro modo podría entrar al Paraíso, no conseguirá dicha gloria, ni por poder o por potestad secular, ni porque goce de jerarquía o dignidad eclesiástica, ni por ciencia mundana, ni por la belleza corporal, sino por obediencia general. Y por tanto, cualquiera que organice y gobierne su vida según la ordenación y precepto de Nuestro Señor Jesús Cristo contra el sentido del cuerpo, contra la inclinación de la carne y contra las tentaciones de los demonios, se mantendrá firme en estos preceptos de Dios. Y esto que digo se constata por la razón y por la experiencia diaria de la persona que desea alcanzar el bien final, que por ella misma no puede alcanzar. Será necesario que esté acorde y conforme con Aquel que sí pueda ayudarle a conseguir ese bien final y por tanto se rija según su voluntad. Y esto repercute en bien no sólo del alma, sino también de todo el cuerpo y en bien de toda la vida. Primero en el alma. Es cierto que si tú quieres tener ciencia, que es un gran bien y una perfección del alma, por tu solo ingenio no puedes alcanzarla, es necesario que tengas un maestro, que te sometas a su régimen y a su voluntad. Por eso el Filósofo dice: ‘Todo discípulo necesita creer”. Pues si el maestro le dice al discípulo que digas A, y sin embargo el discípulo se empecina en contradecir al maestro, diciendo yo demostraré que esto es B. Esto es muy malo para el discípulo, y de muy mala gracia ese tal discípulo, si dice y actúa de tal modo”. (Continuará…).b.D.S.

(…) “Semejantes cosas hay que decir referente al cuerpo. Si alguien estando enfermo y desconoce cómo curarse, es necesario que se atenga a la ordenación y al consejo del médico para curarse. Por eso San Agustín dice: “Si alguien quiere curarse que guarde lo que el médico le manda tomar “. Porque si el médico te dice no comas carne y tú comes carne de ternera, así nunca conseguirás la curación y la salud. De manera semejante pondremos tener un ejemplo para la vida. Mirad la historia del libro del Génesis en el capítulo 41. Allí se lee que en tierras de Egipto sobrevino una gran hambre, porque durante siete años no llovió ni una gota de agua y hubo una gran sequía en toda la tierra que se consumió. Y José, el hijo de Jacob, que por espíritu de profecía sabía sobre esta adversidad, fue nombrado administrador del Faraón para todo su reino. Y durante los siete años de prosperidad que precedieron a la sequía hizo una gran provisión. Y cuando el pueblo de Egipto vino ante el rey Faraón diciendo: “Señor nosotros y nuestros hijos estamos muriendo de hambre, ¿qué hacemos?”; porque todos estos debían liberarse del hambre por las manos o por la ayuda de otro. He aquí como les respondió el rey: Id a José: haced lo que él os diga (Gn. 41, 55). Es como si dijera: “Si os queréis liberar del hambre, no os debéis regir según vuestra voluntad, sino más bien os regiréis según la voluntad de José”. Por tanto, nunca conseguiremos la gloria del Paraíso por nosotros mismos. ¿Existe alguien tan liviano o ligero que pueda por sí mismo subir al Cielo? Ciertamente no. Porque para subir al Cielo, es necesario que suba por la mano de Nuestro Señor y Salvador Jesús Cristo. Pues es natural que por nosotros no podamos. Tú no te has hecho ni creaste tu alma. Por eso dice el Salmo (Sal. 99, 3): ¡Aclamad… Sabed que Yahveh es Dios -es decir Jesús Cristo- Él nos hizo y nosotros no nos hemos creado! b.D.S.

Comentarios cerrados.