ENTENDER LA ENFERMEDAD… APOYAR EL ENFERMO

La enfermedad sólo se entiende cuando se ha estado enfermo. Esto no es una perogrullada. Cuando no se ha sentido el zarpazo de la enfermedad resulta muy difícil sentir su efecto. Es verdad que se nos acercan las enfermedades graves en personas queridas. Pero tener exacto conocimiento de la enfermedad y de sus circunstancias, sólo ocurre cuando la enfermedad nos ha visitado. No se trata de sacar ejemplo de un simple catarro, aunque nunca se sabe. Los jóvenes, en su mayoría, no entienden la enfermedad, así como no temen la muerte. Ambas cosas les quedan lejos. Y de ahí su temeridad.

Celebramos la Pascua del Enfermo. Las parroquias celebran un acto muy emotivo en que se administra la Unción de los enfermos en el contexto de la celebración de la Eucaristía. Todos sufrimos alguna enfermedad o tenemos edad suficiente para acercarse al sacramento sanador. Siempre –y a todos— impresiona la capacidad sanadora de Jesús de Nazaret. Los evangelios nos narran muchos momentos de esas curaciones y, sobre todo, llama mucho la atención como las multitudes buscaban y seguían a Jesús para llevarle a sus enfermos. La escena de aquellos que, perforan el techo de la casa donde estaba Jesús, para bajar por el hueco la camilla con un paralítico es, sencillamente, subyugadora. Y alguna vez ante la enfermedad grave de un familiar, de un ser muy querido, se recuerda –hasta con ansía– esa capacidad sanadora de Jesús.

Jesús enseñó a sus discípulos, a los doce y a los setenta y dos, a curar enfermos y a expulsar demonios, que suponía, asimismo, una lucha contra la enfermedad. La Iglesia hereda de la capacidad curativa que los apóstoles recibieron del Señor Jesús el Sacramento de la Unción de los Enfermos. Su rito, con la imposición de manos y la posición de los santos óleos, recuerda, obviamente, la actividad sanitaria en la antigüedad. Se ha ampliado el ámbito de este sacramento y ha salido del lecho mortuorio. Ya no se llama la Extremaunción ni se aplica solamente a los moribundos. Lo puede recibir cualquier persona que por enfermedad, achaque o edad algo avanzada necesite el consuelo y la sanación de la Iglesia. Y es verdad que la administración de la Santa Unción pues trae mejoría a los enfermos, tal vez, porque, sobre todo, reciben alegría que es también un buen ingrediente terapéutico.

Interesan, claro está, los enfermos. La enfermedad no deja de ser una definición médica. El enfermo es ese hermano que sufre, que no puede incorporarse a la vida normal y cotidiana por causa de sus limitaciones. Una de las costumbres cristianas más importantes es la visita a los enfermos. Desde luego es una obra de caridad, pero también tiene su exponente social, de atención, de cuidado, de sanación. A veces un rato de conversación con un enfermo y hasta una sonrisa tienen demostradas condiciones terapéuticas. En el proceso para declarar beato o santa a un hijo preclaro de la Iglesia la comprobación de la autenticidad de un milagro es fundamental. Y siempre dichos milagros son curaciones. O casi siempre. La enfermedad atenaza al ser humano de tal forma que no es posible dejarla a un lado. Y la sanación es un bien enorme. Recuperar la salud tras haberla perdido es un bien muy grande.

Lo importante es amar y solidarizarse con el enfermo. La enfermedad a veces aísla, desespera, destroza desde el punto de vista psicológico, casi más que desde la vertiente del dolor intrínseco que produce una dolencia. Y eso lo hemos de tener muy en cuenta. Todos, con cariño y buena voluntad, somos unos buenos médicos para las enfermedades de los hermanos. La oración es fundamental. Hemos de rezar a Dios por nuestros enfermos cercanos y por los lejanos. Hemos de pedirle su curación, porque para Dios nada es imposible. Además de nuestra oración personal hemos de asistir a las celebraciones de la Pascua de los Enfermos, procurando que nuestros familiares enfermos acudan al templo para recibir la Unción de los Enfermos. Demos apoyo y cobertura a nuestros enfermos, a todos, y ayudemos a que se curen, en la medida de nuestras posibilidades. Y que sobre todo nunca falte una visita y una sonrisa para con quien sufre.

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