Rincón Carmelitano: Yo, Jesús, me pongo en tus manos

(…) Cuando Dios deposita en tus manos el don de la Redención, Él mismo se coloca en ellas. Permanece indefenso en tus manos, como Hostia viva. Es como si te dijera: “Estoy en tus manos. Puedes hacer de mí lo que quieras”.

Este es el misterio inexplicable del amor de Dios: que no sólo murió por ti, sino que además se pone a tu disposición. Te ama, pero respeta tu libertad, que permite que le desprecies.

Derrama sobre ti torrentes de gracias, pero permite que hagas con ellas lo que quieras. Generalmente esas gracias se te escapan de entre los dedos, y apenas aprovechas las gotas que se quedan sobre ellos.

Cristo lo sabe y, a pesar de todo, ¡continuamente sigue poniendo en tus manos la riqueza de sus gracias!

Algún día comprenderás que es Su Sangre la que se escapa de entre tus dedos, porque al no recibir Sus Gracias, rechazas Su Salvación.

Cristo espera que algún día comprendas todo esto y te conviertas, que algún día quieras aprovechar su Redención. Si a menudo Dios, que se entrega en tus manos, te hace consciente de cómo le tratas, nacerá en ti el arrepentimiento. También nacerá en ti la gratitud. Esto te llevará a responder mejor a las gracias depositadas en tus manos y que requieren tu cooperación. Confía en que Dios es amor. (S. Biela, Abandonarse al Amor).

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