ACUARIUS, UNA LLAMADA DE DIOS

Aquarius: nombre de una frágil embarcación. A bordo 629 personas que huyen de la miseria, de la guerra, del hambre jugándose la vida en el mar. Italia: un país de gente buena, cuyo actual gobierno impide que las personas de esa nave desembarquen en tierra italiana. Con todo, ese gobierno, procura alimentos a la personas del Aquarius y pone a disposición de las mismas dos barcos más, que puedan trasladarlas a Valencia, después de que el presidente del gobierno español haya dispuesto que sean acogidos como refugiados.

La desgracia del Aquarius tiene muchas vertientes y muchas derivaciones. Ha sobrado espectáculo. Había tantos periodistas en el puerto de Valencia como personas viajaban en el barco. Y había cuatro voluntarios por cada viajante. Esto es más o menos comprensible.

Lo que resulta muy grave es la situación que hay en los países de origen, que provoca que miles de seres humanos estén en situación de vulnerabilidad y se vean obligados a huir de sus países para entrar en manos de mafias, que sólo provocan esclavitud y graves consecuencias en quienes padecen estas situaciones, tal como ha denunciado el Arzobispo de Valencia. En concreto, en el Aquarius viajaban más de un centenar de menores de edad solos, sin sus padres, la mayoría adolescentes. Sus padres, seguramente buscando un futuro para sus hijos, pagaron grandes cantidades de dinero a las mafias para que sus hijos pudieran llegar al barco. Eso también merece una respuesta por parte de los gobiernos europeos.

Por otra parte, resulta llamativo que, mientras en Francia y en Italia, la prensa y las televisiones nombran y elogian la actitud acogedora y solidaria de la Iglesia que está en Valencia, en España, la mayoría de los medios, han guardado silencio sobre las buenas obras de la diócesis. No importa. Lo que de verdad importa es que, después del desembarco, hay mucho que hacer y que la Iglesia está en disposición de acoger, ayudar, integrar. Y sobre el silencio de los medios, quizás sea bueno recordar eso de cuando hagas el bien, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”.

Finalmente, transcribo las palabras que el Papa ha dicho personalmente al Arzobispo de Valencia: estoy contento con la diócesis de Valencia, cómo os comportáis. Os felicito y agradezco a la diócesis de Valencia la prontitud y generosidad con que habéis reaccionado, el ejemplo que estáis dando de caridad con estas pobres gentes; me habéis conmovido, como me conmovisteis en el ofrecimiento para atender Vicariatos Apostólicos de la Amazonía del Perú; ése es el camino; no lo abandonéis nunca: el de la caridad; manteneos firmes en la caridad, en el buen ejemplo y en la luz y buen sabor de la caridad y de las obras de caridad. El Papa está con vosotros, con la diócesis de Valencia”.

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