Bodas de Oro: Ser Esposa de Cristo

Próximos a celebrar los cincuenta años de Profesión Religiosa de nuestra hermana Carmen Teresa, la acompañamos contemplando la belleza de este Misterio:

«Esposa». Todo cuanto este nombre hace presentir de amor dado y recibido, de intimidad, fidelidad, abnegación absoluta… Ser esposa es entregarse como Él se entregó, ser inmolada como Él, por Él y para Él… ¡Es Cristo mismo que se hace todo nuestro y nosotras que nos hacemos “toda suya”!

Ser esposa es tener plenos derechos sobre su Corazón, es un diálogo para toda la vida; es vivir con, siempre con… Es descansar de todo con Él y permitirle a Él descansar de todo en nuestra alma. Es no saber otra cosa que amar. Amar adorando, Amar reparando, Amar orando, suplicando, olvidando. Amar siempre y de todas formas.

Ser esposa es tener los ojos en sus ojos, el pensamiento obsesionado por Él, el corazón apresado, totalmente invadido, como fuera de sí mismo, traspasado a Él; el alma llena de su alma, de su oración, todo el ser cautivado y dado. Es, teniendo siempre fija en Él la mirada, sorprender el menor y el más pequeño deseo; es entrar en todas sus alegrías; compartir todos sus dolores. Es ser fecunda, corredentora; dar a luz almas a la gracia, engendrar hijos adoptivos del Padre, los rescatados por Cristo, los coherederos de su gloria”. (Santa Isabel de la Trinidad)

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