VERANO: TIEMPO DE GRACIA

El verano ha de ser tiempo de gracia. Nos enfrentamos con un verano en el que las vacaciones y, en general, un cambio de hábitos laborales inciden de manera muy especial. En España en muchas empresas se practica la jornada continuada, algo más breve que la habitual del invierno. Por eso, un tanto, cambia todo. La primera idea es que hay más tiempo para nosotros y para nuestras familias. Y si es así, también, deberemos buscar un tiempo especial para Dios. Diríamos que “en más” y nunca “en menos”. Y es que al abandonar las rutinas del curso, lo normal que se hace cuando trabajamos, no podemos dejar a Dios, ni su culto. Y mucho menos la oración personal.

Por otro lado, hablar de vacaciones tiene algo de frívolo. Y si bien el descanso es necesario. Tendremos también que tener en cuenta que hay personas que no pueden descansar, ni tener vacaciones, porque su vida es difícil o de condiciones muy precarias. No olvidemos –por ejemplo— los ya varios millones de inmigrantes que conviven con nosotros en España y que muchos de ellos no pueden ni siquiera darse un respiro, por mucho que el disfrute de las vacaciones esté previsto en la ley laboral española. Tampoco podemos olvidar a los enfermos y a las personas que los cuidan. Como primera medida deberíamos dedicar nuestras oraciones a esas personas que no tienen la suerte que nosotros tenemos: ir de vacaciones.

Sin duda, una cosa de sentido común es que las vacaciones no pueden ser “más trabajosas” que el tiempo normal. ¿Qué quiere decir eso? Pues que las vacaciones son para descansar y si se elige un tipo de descanso que no lo es, estaríamos cometiendo un grave error. Excesiva actividad, viajes largos y complicados, querer aprovechar “todo el tiempo” sería pues una equivocación. Deberíamos marcar un tiempo de descanso real y de reflexión útil. Muchas veces la vida laboral, o el tiempo de estudio, se viven con una actividad enorme, con un devenir vertiginoso que se convierte en un verdadero problema. Por eso hemos de “parar”, “detenernos”, y mirar pausadamente a nuestro alrededor. Mirar todo sin prisas. Y, sobre todo, no tener prisas para el trato con nuestros seres queridos, los cuales, a veces, no reciben apenas, nuestra atención por –como decíamos antes—la prisa inherente en el tiempo normal.

Hemos de aprovechar nuestro tiempo como cristianos para mejorar como tales. Y acometer, probablemente, muchas de esas cosas relacionadas con la fe que a veces no podemos hacer. La lectura de un buen libro, o el repasar, en paz y sosiego, las Sagradas Escrituras. E, incluso, tomar algunas notas sobre los textos sagrados que leemos que nos vendrán muy bien en otoño y en invierno. Y no debemos de olvidar nuestros “hábitos” en la religión. Raro será el lugar donde no haya una iglesia y podemos asistir a la eucaristía diaria. Es muy probable, además, que en los lugares habituales de veraneo se produzca un verdadero aluvión de forasteros que visitarán el templo, sobre todo los sábados y domingos. Y ahí, incluso podemos ayudar, tal como lo hacemos en nuestra parroquia. Sabemos –y eso es normal— que muchos de nuestros amigos pertenecientes a los equipos de liturgia trabajan más en verano en sus lugares de vacaciones, pues suele haber menos gente acostumbrada a colaborar con los sacerdotes y los equipos de esos lugares.

Y antes de que llegue ese periodo de medio descanso, nuestra comunidad parroquial vivirá el IV Aniversario de la Coronación de la Virgen de la Paz. Este año en la Plaza de la Paz. Os invito encarecidamente a recordar ese tiempo de gracia que fue la Novena de preparación a la Coronación y a que participemos tanto en el traslado de la Virgen que será el Jueves 5 de Julio a las 18:30 desde la parroquia, como en la eucaristía que tendrá lugar al llegar la Virgen de la Paz a la Plaza sobre las 19h.

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