EL CURSO ACABA; EL CAMINO SIGUE

Tenemos la costumbre de agrupar nuestro tiempo en bloques de duración variable que tienen un inicio y un final. Tal es así cuando hablamos de días, semanas, meses, años, lustros, siglos….Y así ocurre igual con los cursos, ya sean escolares, académicos, universitarios….incluso pastorales.

Los cursos empiezan y acaban. Generalmente empiezan con nuevos objetivos ,nuevos impulsos, ganas renovadas de hacer cosas, disposición sincera de afrontar retos…Y al acabar lo natural es hacer un examen de conciencia , una reflexión acerca de lo trabajado, el esfuerzo realizado, lo conseguido. Y suele ocurrir que nuestras expectativas suelen ser tan altas que muchas veces nos vamos quedando rezagados en el camino de su consecución.

Llegados a este punto no hay que desanimarse. No cabe mirar atrás lamentándonos de lo que podíamos o no haber mejorado, lo que podíamos o no haber encarrilado, lo que podíamos o no haber logrado. El curso pastoral se ha acabado, pero no deja de ser una parte del Curso que no termina nunca, el Camino en el que día a día, aunque sea poquito ,ya sea invierno o verano,vamos sumando y todo va contando para el Señor desde ya.

No dejemos ni un gramo de ilusión por el camino; hay que mantener viva la llama que nos alumbra a nosotros y a todos los que la necesitan; hay que seguir mirando hacia arriba, respirando hondo, apretando puños y aprendiendo, siempre aprendiendo de cada cosa que el Señor pone en nuestras vidas como una oportunidad. En este Curso debemos implicarnos todos, cada uno desde su lugar, sintiendo que siempre y todo es susceptible de ser mejorado y hay que dejar que las cosas mejoren dando la oportunidad de que la gente aporte lo mejor que sepa y pueda en la construcción y crecimiento de este gran edificio que es la Iglesia. Nuestro arquitecto, el Papa Francisco, nos tiene que ir dando las pautas y de la mano de nuestros “ directores de obra”, los párrocos, iremos avanzando . Pero hay que prestar atención hasta al peón más humilde que muchas veces es, sin pretenderlo, el que más nos puede enseñar.

Hace unos días escuché una frase que seguramente muchos conoceréis. Confieso que era la primera vez que la oía y me dejó pensando, porque los dichos populares llevan implícita una sabiduría con mucho poso. Y dice así: Dios hizo al hombre con dos orejas y una boca, precisamente para que escuchemos el doble y hablemos justo la mitad.

Y en esta dirección debemos seguir, dejándonos enseñar por los que saben, escuchando todas las voces, haciendo cuanto podamos y dejando hacer a los que la llevan y la entienden, actuando más que hablando, que siempre será lo mejor en el Curso y el Camino del Señor.

L.P.A.

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