{"id":11533,"date":"2025-11-07T10:12:46","date_gmt":"2025-11-07T09:12:46","guid":{"rendered":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/?p=11533"},"modified":"2025-11-07T10:12:47","modified_gmt":"2025-11-07T09:12:47","slug":"editorial-296","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/2025\/11\/07\/editorial-296\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\"><strong>Lo m\u00e1s sencillo y lo m\u00e1s dif\u00edcil<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Como personas que somos, todos necesitamos o\u00edr, ver, tocar, sentir&#8230; Yo puedo estar convencido del amor de mis familiares, de mi esposa o esposo, etc. Sin embargo, aunque sepamos que nos quieren, nos es necesario escucharlo, que nos lo digan.<\/p>\n\n\n\n<p>De la misma manera ocurre con los sacramentos. Dios sabe de sobra que necesitamos de lo dicho, y por eso nos ha regalado en los sacramentos unos medios palpables, a trav\u00e9s de los cuales se derrama sobre nosotros una gracia much\u00edsimo mayor de lo que nuestros pobres ojos pueden ver, a saber: en el bautismo, el agua; en la Eucarist\u00eda, el pan y el vino; en la confirmaci\u00f3n y en la unci\u00f3n de enfermos, el \u00f3leo sagrado; en el matrimonio, tenemos las palabras de la bendici\u00f3n sobre los novios y el \u201cs\u00ed, quiero\u201d de los novios, su consentimiento; en el orden sacerdotal, la imposici\u00f3n de las manos por parte del obispo y la oraci\u00f3n consacratoria para pedir la efusi\u00f3n del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<p>Me he dejado un sacramento, el de la confesi\u00f3n. Repito, necesitamos ver, o\u00edr, tocar&#8230; y lo mismo ocurre con el perd\u00f3n de Dios. Al respecto, suelen existir algunos obst\u00e1culos que nos dificultan acudir a este sacramento de vital importancia en la vida cristiana:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li>\u201c<strong>Puedo hablar directamente con Dios\u201d:<\/strong> Esta es una de las frases m\u00e1s comunes. Es cierto que Dios est\u00e1 en todas partes y que tiene capacidad para atender nuestra oraci\u00f3n. Pero en la confesi\u00f3n hablamos de otra cosa, no hablamos de una oraci\u00f3n que espero que Dios escuche, sino que hablo de un perd\u00f3n sobre algo que me duele que necesito que sea escuchado s\u00ed o s\u00ed. Es decir, necesito estar seguro de que me han perdonado. Y para ello, solo hay una forma, acudir al sacerdote y experimentar la imposici\u00f3n de las manos y escuchar la absoluci\u00f3n.<\/li>\n\n\n\n<li>\u201c<strong>El sacerdote puede ser m\u00e1s pecador que yo\u201d<\/strong>: Este argumento me resulta gracioso, por el simple hecho de que, efectivamente, puede ser verdad. Pero no me puedo olvidar de que el sacerdote es tambi\u00e9n una persona que necesita el perd\u00f3n. Evitemos la tentaci\u00f3n de ocultar la gracia del perd\u00f3n que \u00e9l puede dar gracias a su consagraci\u00f3n por sacar a relucir una posible debilidad. Es como si yo no me fiara de que un fumador me dijera que fumar es malo. Es m\u00e1s, quiz\u00e1s lo pueda decir con m\u00e1s raz\u00f3n por conocerlo de primera mano.<\/li>\n\n\n\n<li>\u201c<strong>Siempre me confieso de lo mismo\u201d:<\/strong> Esta frase tiene much\u00edsima raz\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9? Si te confiesas de lo mismo es porque eres la misma persona, y cada persona, en medio de su batalla contra el pecado, experimenta muchas veces que su piedra de tropiezo suele ser la misma. Precisamente, acudir a la confesi\u00f3n, en situaciones de este tipo puede ser una fuente de aprendizaje para conocer c\u00f3mo somos tentados y c\u00f3mo luchar de una forma m\u00e1s eficaz.<\/li>\n\n\n\n<li>\u201c<strong>Ni mato ni robo\u201d<\/strong>: Que yo entre en una habitaci\u00f3n y no vea ni una mota de polvo a primera vista no significa que est\u00e9 limpia. \u00bfQu\u00e9 ocurre cuando nos acercamos a la estanter\u00eda donde tienes libros que hace tiempo que no tocas? Que el polvo dibuja la posici\u00f3n de los libros sobre el estante. Eso es el pecado, y el acercarse a ver la estanter\u00eda, es la acci\u00f3n del cristiano que para y examina su vida, no para encontrar grandes maldades, sino, precisamente, para hallar aquellas peque\u00f1as cosas de la vida diaria que me alejan de Dios y del hermano. Los santos m\u00e1s grandes siempre se reconoc\u00edan pecadores.<\/li>\n\n\n\n<li>\u201c<strong>No s\u00e9 qu\u00e9 decir\u201d<\/strong>: Esta es la m\u00e1s f\u00e1cil de solucionar. D\u00edgale al sacerdote que le ayude. Pero hay una segunda soluci\u00f3n que nos puede ayudar a adquirir un buen h\u00e1bito: hacer un momento de oraci\u00f3n y realizar un examen de conciencia.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<p>Mucho \u00e1nimo familia. Tenemos el mismo perd\u00f3n de Dios muy f\u00e1cilmente alcanzable. \u00a1Qu\u00e9 afortunados somos los cristianos, de verdad! No nos perdamos este inmenso regalo de sanaci\u00f3n.<\/p><p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Lo m\u00e1s sencillo y lo m\u00e1s dif\u00edcil Como personas que somos, todos necesitamos o\u00edr, ver, tocar, sentir&#8230; Yo puedo estar convencido del amor de mis familiares, de mi esposa o esposo, etc. Sin embargo, aunque sepamos que nos quieren, nos es necesario escucharlo, que nos lo digan. 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