{"id":11644,"date":"2025-12-26T12:08:06","date_gmt":"2025-12-26T11:08:06","guid":{"rendered":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/?p=11644"},"modified":"2025-12-26T12:08:07","modified_gmt":"2025-12-26T11:08:07","slug":"editorial-303","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/2025\/12\/26\/editorial-303\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"\n<p>Querida familia, querida parroquia,<\/p>\n\n\n\n<p>Comenzamos un a\u00f1o nuevo y, como sucede siempre en la vida espiritual, lo importante no es tanto lo que nosotros hacemos al empezar, sino <strong>desde d\u00f3nde comenzamos<\/strong>. Y la Iglesia hoy nos invita a comenzar desde un lugar muy concreto: <strong>desde una madre<\/strong>. Desde Mar\u00eda, Madre de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esta expresi\u00f3n \u2014Madre de Dios\u2014 no es una f\u00f3rmula piadosa ni una idea abstracta. Es una confesi\u00f3n de fe que toca el coraz\u00f3n del misterio cristiano. Porque decir que Mar\u00eda es Madre de Dios es decir que <strong>Dios no tuvo miedo de entrar en nuestra historia<\/strong>, que no se mantuvo a distancia, que no eligi\u00f3 el camino del poder ni de la seguridad, sino el camino de la fragilidad, del tiempo, de la carne. Dios quiso ser hijo. Quiso necesitar cuidados. Quiso ser sostenido por brazos humanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Mar\u00eda fue ese espacio humano donde Dios pudo habitar. Donde la eternidad entr\u00f3 en el tiempo. Donde el silencio de Dios se hizo palabra, y la palabra se hizo carne.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso esta fiesta est\u00e1 al comienzo del a\u00f1o. Porque nos recuerda que el tiempo no es una amenaza, ni una carga, ni una carrera contra el reloj. El tiempo es <strong>lugar de salvaci\u00f3n<\/strong>. El a\u00f1o nuevo no es un vac\u00edo que tengamos que llenar con nuestros planes, sino un don que necesitamos aprender a recibir. Y Mar\u00eda nos ense\u00f1a justamente eso: a recibir. Ella no se apodera del misterio, no lo controla, no lo entiende todo. Ella acoge.<\/p>\n\n\n\n<p>Cu\u00e1ntas veces nosotros comenzamos el a\u00f1o con el coraz\u00f3n inquieto, cargado de preocupaciones, de miedos, de expectativas que nos superan. Queremos tener todo previsto, todo organizado, todo bajo control. Mar\u00eda, en cambio, nos muestra otro camino: el de la confianza paciente. Ella guarda las cosas en el coraz\u00f3n, las medita, les da tiempo. Y as\u00ed nos ense\u00f1a que la fe no es ansiedad espiritual, sino <strong>abandono confiado en Dios<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Decir que Mar\u00eda es Madre de Dios es tambi\u00e9n afirmar algo muy concreto sobre Jesucristo. \u00c9l no es un Dios lejano ni un h\u00e9roe religioso. Es Dios hecho carne, verdadero Dios y verdadero hombre, uno solo. Y si Dios se hizo carne, entonces nada de lo humano le resulta indiferente. Dios no desprecia la fragilidad, no evita el sufrimiento, no se salta los procesos. Entra en ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Mar\u00eda es la primera que vive esta cercan\u00eda de Dios. Ella lo lleva en su seno, lo da a luz, lo alimenta, lo acompa\u00f1a en su crecimiento. En ella, Dios aprende el ritmo humano. Por eso Mar\u00eda nos revela algo esencial del modo de actuar de Dios: <strong>Dios no irrumpe, acompa\u00f1a; no impone, propone; no aplasta, sostiene<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde aqu\u00ed podemos entender mejor el don teol\u00f3gico de la paz. La paz no es simplemente ausencia de conflictos, ni equilibrio de fuerzas, ni silencio impuesto. La paz nace all\u00ed donde la vida es acogida, donde la fragilidad no es descartada, donde el otro no es una amenaza, sino un don. La paz nace de una <strong>mirada materna<\/strong> sobre la realidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Mar\u00eda nos ense\u00f1a esa mirada. Una mirada que no se deja llevar por el miedo, que no responde con dureza, que no necesita dominar. Una mirada que cuida, que protege, que sabe esperar. Por eso la paz verdadera no se construye primero desde las estrategias, sino desde el coraz\u00f3n convertido, desde la ternura, desde la capacidad de reconocer al otro como hermano.<\/p>\n\n\n\n<p>Cu\u00e1nta falta nos hace esta paz en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestra sociedad. Una paz que no se grita, que no se exhibe, sino que se gesta en lo peque\u00f1o, en lo cotidiano, en la paciencia, en el perd\u00f3n, en la cercan\u00eda. Mar\u00eda, Madre de Dios, es maestra de esta paz silenciosa y fecunda.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la Iglesia, al comenzar el a\u00f1o mirando a Mar\u00eda, aprende tambi\u00e9n algo sobre s\u00ed misma. Aprende que est\u00e1 llamada a ser madre antes que jueza, casa antes que fortaleza, lugar de acogida antes que espacio de exclusi\u00f3n. Una Iglesia que acompa\u00f1a procesos, que respeta los tiempos, que no se cansa de cuidar la vida, incluso cuando es fr\u00e1gil, herida o incompleta.<\/p>\n\n\n\n<p>Hermanos y hermanas, pongamos este a\u00f1o que comienza bajo la protecci\u00f3n de Mar\u00eda. No para que nos ahorre las dificultades, sino para que nos ense\u00f1e a vivirlas con fe. No para que nos quite la cruz, sino para que nos ayude a permanecer de pie junto a ella. No para que nos d\u00e9 seguridades humanas, sino para que nos regale un coraz\u00f3n m\u00e1s confiado y disponible.<\/p>\n\n\n\n<p>Que Mar\u00eda, Madre de Dios y madre nuestra, nos ense\u00f1e a comenzar cada d\u00eda desde la acogida, desde la confianza y desde la paz que nace cuando sabemos que Dios sigue entrando en nuestra historia, no con estruendo, sino con la discreci\u00f3n de quien se deja llevar en brazos.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuestro, Julio.<\/p><p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Querida familia, querida parroquia, Comenzamos un a\u00f1o nuevo y, como sucede siempre en la vida espiritual, lo importante no es tanto lo que nosotros hacemos al empezar, sino desde d\u00f3nde comenzamos. Y la Iglesia hoy nos invita a comenzar desde un lugar muy concreto: desde una madre. Desde Mar\u00eda, Madre de Dios. 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