{"id":12033,"date":"2026-07-02T17:28:43","date_gmt":"2026-07-02T16:28:43","guid":{"rendered":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/?p=12033"},"modified":"2026-07-02T17:28:44","modified_gmt":"2026-07-02T16:28:44","slug":"editorial-329","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/2026\/07\/02\/editorial-329\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\"><strong>La Copa que merece la pena<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Hay personas capaces de recordar el minuto exacto de un gol marcado hace veinte a\u00f1os, pero incapaces de recordar d\u00f3nde dejaron las llaves hace cinco minutos. As\u00ed es el f\u00fatbol. Y cuando llega un Mundial, el fen\u00f3meno se multiplica: camisetas de todas las selecciones, debates sobre alineaciones, pron\u00f3sticos imposibles, celebraciones, decepciones&#8230; Durante unas semanas, medio planeta parece hablar el mismo idioma.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, la verdad, hay algo hermoso en todo ello. Nos gusta admirar el talento, el esfuerzo, la velocidad, la precisi\u00f3n, la resistencia de los jugadores. Nos asombra ver hasta d\u00f3nde puede llegar un cuerpo entrenado cuando est\u00e1 al servicio de un objetivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero quiz\u00e1, entre tanto regate y tanto gol, merezca la pena hacerse una pregunta: <strong>\u00bfpara qu\u00e9 nos ha dado Dios nuestro cuerpo? <\/strong>La respuesta cristiana es sorprendente. Dios no nos regal\u00f3 un cuerpo para exhibirlo, ni para convertirlo en un objeto de culto, ni siquiera \u00fanicamente para disfrutar de la vida. Nos dio un cuerpo para amar.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque el amor necesita manos que acaricien, brazos que sostengan, pies que salgan al encuentro del que est\u00e1 solo, ojos capaces de mirar con ternura, una voz que consuele, unos hombros que ayuden a llevar el peso del otro. El cuerpo es el instrumento con el que el alma hace visible el amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso el cristianismo nunca ha despreciado el cuerpo, al contrario. El Hijo de Dios quiso tener uno. Jes\u00fas camin\u00f3, trabaj\u00f3 con sus manos, abraz\u00f3 a los ni\u00f1os, toc\u00f3 a los enfermos, llor\u00f3 con los que sufr\u00edan y termin\u00f3 entregando su cuerpo en la cruz por la salvaci\u00f3n del mundo. Y resucit\u00f3 con ese mismo cuerpo glorificado.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro cuerpo no es un accidente ni un simple envoltorio. Es un regalo de Dios y una misi\u00f3n. Quiz\u00e1 por eso san Pablo escrib\u00eda que nuestro cuerpo es \u00abtemplo del Esp\u00edritu Santo\u00bb (1 Co 6,19). Un templo no se abandona ni se desprecia; tampoco se convierte en un \u00eddolo. Se cuida porque est\u00e1 destinado a algo grande.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuidar el cuerpo, hacer deporte, descansar bien o alimentarse de manera saludable no deber\u00eda responder solo al deseo de vivir m\u00e1s a\u00f1os o de verse mejor frente al espejo. El cristiano cuida su cuerpo porque quiere tener un coraz\u00f3n dispuesto&#8230; y unas piernas que puedan llevarle hasta quien necesita ayuda. Porque quiere conservar unas manos capaces de servir, unos brazos capaces de abrazar y una salud que le permita entregarse generosamente a su familia, a la Iglesia y a la sociedad.<\/p>\n\n\n\n<p>En el fondo, el entrenamiento de un deportista nos recuerda una verdad profundamente cristiana: aquello que vale la pena exige disciplina. Nadie llega a una final sin esfuerzo. Tampoco se llega a la santidad improvisando. Las peque\u00f1as renuncias, la constancia y la perseverancia forman tanto al atleta como al disc\u00edpulo de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando termine el Mundial habr\u00e1 un campe\u00f3n. Levantar\u00e1 una copa que, con el tiempo, acabar\u00e1 en una vitrina y ser\u00e1 sustituida por otra edici\u00f3n del torneo. Pero hay una victoria mucho m\u00e1s importante: la de quien utiliza el cuerpo que Dios le ha regalado no para buscar el aplauso, sino para servir; no para ponerse siempre en el centro, sino para ponerse al lado del que sufre; no para vivir encerrado en s\u00ed mismo, sino para hacer de toda su vida una entrega. Porque, al final, el mejor partido que podemos jugar no se disputa en un estadio. Se juega cada d\u00eda. Y el trofeo que merece la pena conquistar no es de oro: es haber gastado el cuerpo que Dios nos dio&#8230; amando.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuestro p\u00e1rroco, Julio.<\/p><p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Copa que merece la pena Hay personas capaces de recordar el minuto exacto de un gol marcado hace veinte a\u00f1os, pero incapaces de recordar d\u00f3nde dejaron las llaves hace cinco minutos. As\u00ed es el f\u00fatbol. Y cuando llega un Mundial, el fen\u00f3meno se multiplica: camisetas de todas las selecciones, debates sobre alineaciones, pron\u00f3sticos imposibles, celebraciones, decepciones&#8230; Durante unas semanas,&#8230;<\/p>\n<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/2026\/07\/02\/editorial-329\/\"><span>Leer m\u00e1s<\/span><i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a> <\/p>\n","protected":false},"author":53745,"featured_media":12035,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":["post-12033","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-editorial"],"better_featured_image":{"id":12035,"alt_text":"","caption":"","description":"","media_type":"image","media_details":{"width":1600,"height":900,"file":"2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL.jpg","filesize":331804,"sizes":{"medium":{"file":"2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-300x169.jpg","width":300,"height":169,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":8851,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-300x169.jpg"},"large":{"file":"2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-1024x576.jpg","width":1024,"height":576,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":69380,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-1024x576.jpg"},"thumbnail":{"file":"2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-150x150.jpg","width":150,"height":150,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":5667,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-150x150.jpg"},"medium_large":{"file":"2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-768x432.jpg","width":768,"height":432,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":40470,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-768x432.jpg"},"1536x1536":{"file":"2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-1536x864.jpg","width":1536,"height":864,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":156612,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-1536x864.jpg"},"post-thumbnail":{"file":"2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-150x84.jpg","width":150,"height":84,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":3549,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-150x84.jpg"},"header":{"file":"2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-1320x230.jpg","width":1320,"height":230,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":38047,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-1320x230.jpg"},"slider":{"file":"2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-1600x580.jpg","width":1600,"height":580,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":130667,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-1600x580.jpg"},"columns":{"file":"2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-330x300.jpg","width":330,"height":300,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":17286,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-330x300.jpg"},"custom":{"file":"2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-250x141.jpg","width":250,"height":141,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":6849,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL-250x141.jpg"}},"image_meta":{"aperture":"0","credit":"","camera":"","caption":"","created_timestamp":"0","copyright":"","focal_length":"0","iso":"0","shutter_speed":"0","title":"","orientation":"0","keywords":[]}},"post":null,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-05-IMAGEN-EDITORIAL.jpg"},"read":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12033","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/53745"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12033"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12033\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12034,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12033\/revisions\/12034"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12035"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12033"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12033"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12033"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}