{"id":12065,"date":"2026-07-17T10:28:45","date_gmt":"2026-07-17T09:28:45","guid":{"rendered":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/?p=12065"},"modified":"2026-07-17T10:28:47","modified_gmt":"2026-07-17T09:28:47","slug":"editorial-331","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/2026\/07\/17\/editorial-331\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\"><strong>El mayor regalo para quienes ya han partido<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"text-align: left;\"><br \/>Cuando muere una persona a la que queremos, todos nos hacemos, de una forma u otra, la misma pregunta: \u00bftodav\u00eda puedo hacer algo por ella? La primera respuesta parece evidente: \u00abYa no\u00bb. Ya no puedo abrazarla, hablar con ella, ayudarla o decirle cu\u00e1nto la quiero. Entonces nos queda el recuerdo. Visitamos el cementerio, llevamos flores, encendemos una vela, miramos fotograf\u00edas\u2026 Son gestos hermosos, porque nacen del amor.<br \/>Pero el Evangelio nos anuncia algo mucho m\u00e1s grande que un recuerdo. Si Jesucristo ha resucitado, la muerte ya no tiene la \u00faltima palabra. Y si la muerte ha sido vencida, tambi\u00e9n el amor es m\u00e1s fuerte que ella. La muerte rompe muchas cosas: conversaciones, proyectos, abrazos\u2026 Pero no puede romper la comuni\u00f3n que Cristo ha creado entre quienes pertenecen a \u00c9l. Nuestros difuntos no han desaparecido; viven en Dios. Y, por eso, seguimos unidos a ellos.<br \/>Esta es la raz\u00f3n por la que la Iglesia, desde sus comienzos, nunca ha dejado de rezar por los difuntos. No rezamos porque dudemos de la misericordia de Dios, sino precisamente porque confiamos en ella. Rezar por ellos es ponerlos, una vez m\u00e1s, en las manos del Padre y decirle con sencillez: \u00abSe\u00f1or, completa en ellos la obra de tu amor. Que la Pascua de tu Hijo los conduzca a la plenitud de la vida\u00bb.<br \/>La oraci\u00f3n por los difuntos es un verdadero acto de caridad. El amor no termina con la muerte. Si de verdad queremos a alguien, seguimos deseando su bien. Y la oraci\u00f3n es el bien m\u00e1s grande que podemos ofrecerle.<br \/>Sin embargo, la Iglesia no solo nos invita a rezar por nuestros difuntos. Nos ofrece un regalo infinitamente mayor: la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00eda. Cuando se celebra la Santa Misa por un difunto, no estamos haciendo simplemente un recuerdo emotivo ni cumpliendo una tradici\u00f3n familiar. En el altar se hace presente el \u00fanico sacrificio de Cristo, el mismo con el que venci\u00f3 el pecado y la muerte para siempre. La Iglesia une el nombre de esa persona a la ofrenda perfecta de Jesucristo y pide que los frutos de su entrega lleguen plenamente a ella, seg\u00fan la infinita misericordia de Dios.<br \/>Por eso decimos que la Eucarist\u00eda es el mayor regalo que podemos hacer a nuestros difuntos. No les ofrecemos algo nuestro, sino lo m\u00e1s valioso que existe: el mismo Cristo, muerto y resucitado por amor.<br \/>Cuando queremos mucho a alguien, buscamos siempre el mejor regalo. Nadie entrega cualquier cosa a quien ama de verdad. Pues bien, para un cristiano no existe un don mayor que la Eucarist\u00eda. Las flores son un gesto de cari\u00f1o y los recuerdos mantienen viva la memoria, pero la Santa Misa nos introduce en la obra misma de la salvaci\u00f3n. All\u00ed presentamos a nuestros seres queridos en el coraz\u00f3n del sacrificio de Cristo, que permanece para siempre.<br \/>Adem\u00e1s, cuando una Misa se celebra por un difunto, no reza solamente una persona. Reza toda la Iglesia. Toda la comunidad cristiana presenta esa intenci\u00f3n al Se\u00f1or. Es hermoso pensar que una familia no lleva sola el peso de su dolor, sino que toda la parroquia se une para pedir por quien ha partido. La oraci\u00f3n comunitaria tiene una fuerza inmensa, porque es la oraci\u00f3n del Cuerpo de Cristo. La Iglesia peregrina en la tierra permanece unida a quienes ya han alcanzado la gloria del cielo y tambi\u00e9n a quienes se preparan para entrar plenamente en ella. Ni siquiera la muerte puede romper esta comuni\u00f3n.<br \/>Quiz\u00e1 muchas veces hemos pensado que ofrecer una Misa es algo reservado para el d\u00eda del funeral o para el aniversario de un fallecimiento. Sin embargo, el amor no entiende de fechas. Siempre es un buen momento para ofrecer la Eucarist\u00eda por nuestros padres, nuestros abuelos, nuestro c\u00f3nyuge, un hijo, un amigo o cualquier persona que haya partido de este mundo. Es una forma concreta de seguir dici\u00e9ndoles: \u00abTe sigo queriendo. Te sigo confiando al Se\u00f1or\u00bb.<br \/>En una sociedad que con frecuencia reduce la muerte a un recuerdo o a un homenaje, los cristianos estamos llamados a anunciar algo mucho m\u00e1s grande: que Cristo ha vencido a la muerte y que el amor sigue pudiendo hacer el bien. Por eso rezamos por nuestros difuntos y, sobre todo, ofrecemos la Santa Misa por ellos.<br \/>No dejemos de hacerlo. Es una de las obras de misericordia m\u00e1s hermosas y una de las expresiones m\u00e1s profundas de nuestra fe. Si pudi\u00e9ramos hacer llegar a quienes amamos el mayor tesoro de la Iglesia, \u00bfno lo har\u00edamos? Pues ese tesoro tiene un nombre: Jesucristo, que se entrega por nosotros en cada Eucarist\u00eda. Ese es, sin duda, el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros difuntos.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El mayor regalo para quienes ya han partido Cuando muere una persona a la que queremos, todos nos hacemos, de una forma u otra, la misma pregunta: \u00bftodav\u00eda puedo hacer algo por ella? La primera respuesta parece evidente: \u00abYa no\u00bb. Ya no puedo abrazarla, hablar con ella, ayudarla o decirle cu\u00e1nto la quiero. Entonces nos queda el recuerdo. Visitamos el&#8230;<\/p>\n<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/2026\/07\/17\/editorial-331\/\"><span>Leer m\u00e1s<\/span><i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a> <\/p>\n","protected":false},"author":53745,"featured_media":12058,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"footnotes":""},"categories":[13],"tags":[],"class_list":["post-12065","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-editorial"],"better_featured_image":{"id":12058,"alt_text":"","caption":"","description":"","media_type":"image","media_details":{"width":448,"height":672,"file":"2026\/07\/2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL.jpg","filesize":38538,"sizes":{"medium":{"file":"2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-200x300.jpg","width":200,"height":300,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":11782,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-200x300.jpg"},"thumbnail":{"file":"2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-150x150.jpg","width":150,"height":150,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":5112,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-150x150.jpg"},"post-thumbnail":{"file":"2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-100x150.jpg","width":100,"height":150,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":4175,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-100x150.jpg"},"header":{"file":"2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-448x230.jpg","width":448,"height":230,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":14877,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-448x230.jpg"},"slider":{"file":"2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-448x580.jpg","width":448,"height":580,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":40109,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-448x580.jpg"},"columns":{"file":"2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-330x300.jpg","width":330,"height":300,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":15818,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-330x300.jpg"},"custom":{"file":"2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-250x375.jpg","width":250,"height":375,"mime-type":"image\/jpeg","filesize":16963,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL-250x375.jpg"}},"image_meta":{"aperture":"0","credit":"","camera":"","caption":"","created_timestamp":"0","copyright":"","focal_length":"0","iso":"0","shutter_speed":"0","title":"","orientation":"0","keywords":[]}},"post":null,"source_url":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/2026-07-19-IMAGEN-EDITORIAL.jpg"},"read":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12065","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/53745"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12065"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12065\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12066,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12065\/revisions\/12066"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12058"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12065"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12065"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12065"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}