{"id":12078,"date":"2026-07-24T10:08:59","date_gmt":"2026-07-24T09:08:59","guid":{"rendered":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/?p=12078"},"modified":"2026-07-24T10:09:01","modified_gmt":"2026-07-24T09:09:01","slug":"editorial-332","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/2026\/07\/24\/editorial-332\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading has-text-align-center\"><strong>LA ITV Y EL ASOMBRO<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>Al comienzo del verano me llam\u00f3 mucho la atenci\u00f3n la cantidad de anuncios, reportajes y noticias que aparec\u00edan sobre la necesidad de realizar la inspecci\u00f3n t\u00e9cnica del veh\u00edculo. Los hab\u00eda de muchos tipos: algunos con un tono desenfadado e incluso humor\u00edstico; otros, en cambio, mucho m\u00e1s serios, record\u00e1ndonos que circular sin la ITV al d\u00eda pod\u00eda suponer una importante multa. Confieso que, al final, hasta a m\u00ed me convencieron para pasarla. Sin embargo, el mensaje de fondo de todas esas campa\u00f1as era mucho m\u00e1s interesante que la simple amenaza de una sanci\u00f3n. La ITV no existe para evitar multas, sino para garantizar la seguridad. En el fondo, el mensaje era este: \u00abQueremos que est\u00e9is seguros\u00bb. Algo parecido sucede en la vida cristiana. Tambi\u00e9n nosotros estamos llamados a realizar peri\u00f3dicamente una especie de ITV espiritual: el examen de conciencia, especialmente cuando nos prepara para recibir el sacramento de la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Con tristeza compruebo c\u00f3mo se ha ido perdiendo la necesidad de acudir a la confesi\u00f3n para recibir el perd\u00f3n de Dios y dejar que \u00c9l restaure nuestra alma. Y esa p\u00e9rdida me preocupa porque creo que no ocurre de golpe, sino poco a poco, como quien comienza a deslizarse por una pendiente sin apenas darse cuenta. \u00bfHacia d\u00f3nde nos lleva esa pendiente? Creo que hacia la p\u00e9rdida de la capacidad de asombro. Si observamos la vida de los santos o escuchamos el testimonio de cualquier persona que haya experimentado una verdadera conversi\u00f3n, descubrimos un rasgo com\u00fan: todos quedaron profundamente asombrados por la grandeza de la misericordia de Dios. En alg\u00fan momento comprendieron que Dios los amaba de verdad, no a pesar de su realidad, sino precisamente dentro de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfY cu\u00e1l es esa realidad? Que soy d\u00e9bil; que no soy Dios ni puedo con todo; que muchas veces no le pongo a \u00c9l en el primer lugar; que busco mis propios intereses antes que los suyos; que necesito ser salvado. En definitiva, el cristiano es aquel que nunca deja de asombrarse porque Dios sigue am\u00e1ndolo incluso cuando conoce toda la verdad sobre \u00e9l. Pero ese asombro no nace por casualidad. Nace cuando uno se atreve a mirar su coraz\u00f3n. Si dejo de hacer examen de conciencia, si nunca me detengo a revisar mi vida delante de Dios, \u00bfc\u00f3mo voy a descubrir cu\u00e1nto necesito su misericordia? Y si no descubro cu\u00e1nto la necesito, \u00bfc\u00f3mo voy a maravillarme de recibirla?<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso me entristece esta situaci\u00f3n. No porque tenga simplemente ganas de que haya m\u00e1s confesiones \u2014aunque, naturalmente, deseo que muchas personas vuelvan a encontrarse con este sacramento\u2014, sino porque tengo la impresi\u00f3n de que uno no llega a conocer verdaderamente a Dios hasta que ha experimentado personalmente el perd\u00f3n. Me pregunto cu\u00e1ntos de nosotros, por miedo a dar este paso, nos habremos quedado a las puertas de descubrir el rostro m\u00e1s hermoso del Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Existen muchos obst\u00e1culos para acercarse al examen de conciencia y a la confesi\u00f3n; algunos ya los coment\u00e9 en una hoja parroquial anterior. Pero hay uno que aparece con mucha frecuencia: no querer mirar o no querer aceptar aquello que descubrimos dentro de nosotros. En el fondo, todos sabemos que hay aspectos de nuestra vida que todav\u00eda no est\u00e1n configurados con el coraz\u00f3n de Cristo. Curiosamente, en el confesionario casi nunca me encuentro con \u00abcosas muy graves\u00bb. Y tampoco creo que ese sea el verdadero problema. La santidad no consiste \u00fanicamente en evitar los grandes pecados, sino en ir afinando el coraz\u00f3n para que suene cada vez m\u00e1s como el de Cristo. Igual que una guitarra no necesita tener una cuerda completamente destensada para sonar mal, tampoco hace falta cometer grandes pecados para descubrir que hay algo que necesita ser afinado.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensemos, por ejemplo, en una persona que consulta compulsivamente el saldo de su cuenta bancaria. Mirar una cuenta no es pecado, por supuesto. La cuesti\u00f3n est\u00e1 en lo que revela ese gesto. Quiz\u00e1 detr\u00e1s haya una falta de confianza en la providencia de Dios; quiz\u00e1 una ansiedad constante por el dinero; quiz\u00e1 la necesidad de sentirse seguro \u00fanicamente cuando una cifra aparece en la pantalla del m\u00f3vil. Una cosa es ser prudente y administrar bien los bienes; otra muy distinta es vivir esclavizado por ellos. Precisamente para eso sirve el examen de conciencia: para ir m\u00e1s all\u00e1 de las acciones y descubrir las ra\u00edces del coraz\u00f3n. Dios no quiere que nos quedemos en la superficie; quiere mostrarnos aquello que necesita ser sanado.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed encontramos el mayor obst\u00e1culo de todos: aceptar con humildad que somos pecadores. A nadie le resulta agradable reconocer su propia pobreza. Preferimos justificarnos, compararnos con otros o convencernos de que \u00abno estamos tan mal\u00bb. Sin embargo, mientras no aceptemos nuestra necesidad de ser perdonados, tampoco podremos experimentar la inmensidad del amor con que Dios quiere abrazarnos. El examen de conciencia no pretende hundirnos, sino abrirnos los ojos. La confesi\u00f3n no busca humillarnos, sino devolvernos la alegr\u00eda. Solo quien descubre de verdad su pobreza puede asombrarse de que Dios siga am\u00e1ndole con un amor tan grande. Y ese asombro es el comienzo de toda vida cristiana. Porque la conciencia del pecado no es el final del camino: es la puerta por la que entra la misericordia de Dios.<\/p><p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA ITV Y EL ASOMBRO Al comienzo del verano me llam\u00f3 mucho la atenci\u00f3n la cantidad de anuncios, reportajes y noticias que aparec\u00edan sobre la necesidad de realizar la inspecci\u00f3n t\u00e9cnica del veh\u00edculo. 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