{"id":9124,"date":"2022-07-22T12:00:37","date_gmt":"2022-07-22T11:00:37","guid":{"rendered":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/?p=9124"},"modified":"2022-07-22T12:00:39","modified_gmt":"2022-07-22T11:00:39","slug":"editorial-125","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/2022\/07\/22\/editorial-125\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\"><em><strong>La Liturgia: lugar del encuentro con Cristo<\/strong><\/em><\/h2>\n\n\n\n<p><strong>10.<\/strong>&nbsp;Aqu\u00ed est\u00e1 toda la poderosa belleza de la Liturgia. Si la Resurrecci\u00f3n fuera para nosotros un concepto, una idea, un pensamiento; si el Resucitado fuera para nosotros el recuerdo del recuerdo de otros, tan autorizados como los Ap\u00f3stoles, si no se nos diera tambi\u00e9n la posibilidad de un verdadero encuentro con \u00c9l, ser\u00eda como declarar concluida la novedad del Verbo hecho carne. En cambio, la Encarnaci\u00f3n, adem\u00e1s de ser el \u00fanico y novedoso acontecimiento que la historia conozca, es tambi\u00e9n el m\u00e9todo que la Sant\u00edsima Trinidad ha elegido para abrirnos el camino de la comuni\u00f3n. La fe cristiana, o es un encuentro vivo con \u00c9l, o no es.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> <strong>11.<\/strong>&nbsp;La Liturgia nos garantiza la posibilidad de tal encuentro. No nos sirve un vago recuerdo de la \u00faltima Cena, necesitamos estar presentes en aquella Cena, poder escuchar su voz, comer su Cuerpo y beber su Sangre: le necesitamos a \u00c9l. En la Eucarist\u00eda y en todos los Sacramentos se nos garantiza la posibilidad de encontrarnos con el Se\u00f1or Jes\u00fas y de ser alcanzados por el poder de su Pascua. El poder salv\u00edfico del sacrificio de Jes\u00fas, de cada una de sus palabras, de cada uno de sus gestos, mirada, sentimiento, nos alcanza en la celebraci\u00f3n de los Sacramentos. Yo soy Nicodemo y la Samaritana, el endemoniado de Cafarna\u00fan y el paral\u00edtico en casa de Pedro, la pecadora perdonada y la hemorroisa, la hija de Jairo y el ciego de Jeric\u00f3, Zaqueo y L\u00e1zaro; el ladr\u00f3n y Pedro, perdonados. El Se\u00f1or Jes\u00fas que&nbsp;<em>inmolado, ya no vuelve a morir; y sacrificado, vive para siempre<\/em>&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/20220629-lettera-ap-desiderio-desideravi.html#_ftn2\"><u>[2]<\/u><\/a>, contin\u00faa perdon\u00e1ndonos, cur\u00e1ndonos y salv\u00e1ndonos con el poder de los Sacramentos. A trav\u00e9s de la encarnaci\u00f3n, es el modo concreto por el que nos ama; es el modo con el que sacia esa sed de nosotros que ha declarado en la cruz(&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;19,28).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>12.<\/strong>&nbsp;Nuestro primer encuentro con su Pascua es el acontecimiento que marca la vida de todos nosotros, los creyentes en Cristo: nuestro bautismo. No es una adhesi\u00f3n mental a su pensamiento o la sumisi\u00f3n a un c\u00f3digo de comportamiento impuesto por \u00c9l: es la inmersi\u00f3n en su pasi\u00f3n, muerte, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n. No es un gesto m\u00e1gico: la magia es lo contrario a la l\u00f3gica de los Sacramentos porque pretende tener poder sobre Dios y, por esa raz\u00f3n, viene del tentador. En perfecta continuidad con la Encarnaci\u00f3n, se nos da la posibilidad, en virtud de la presencia y la acci\u00f3n del Esp\u00edritu, de morir y resucitar en Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a> <strong>13.<\/strong>&nbsp;El modo en que acontece es conmovedor. La plegaria de bendici\u00f3n del agua bautismal&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/apost_letters\/documents\/20220629-lettera-ap-desiderio-desideravi.html#_ftn3\"><u>[3]<\/u><\/a>&nbsp;nos revela que Dios cre\u00f3 el agua precisamente en vista del bautismo. Quiere decir que mientras Dios creaba el agua pensaba en el bautismo de cada uno de nosotros, y este pensamiento le ha acompa\u00f1ado en su actuar a lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n cada vez que, con un designio concreto, ha querido servirse del agua. Es como si, despu\u00e9s de crearla, hubiera querido perfeccionarla para llegar a ser el agua del bautismo. Y por eso la ha querido colmar del movimiento de su Esp\u00edritu que se cern\u00eda sobre ella (cfr.&nbsp;<em>G\u00e9n<\/em>&nbsp;1,2) para que contuviera en germen el poder de santificar; la ha utilizado para regenerar a la humanidad en el diluvio (cfr.&nbsp;<em>G\u00e9n<\/em>&nbsp;6,1-9,29); la ha dominado separ\u00e1ndola para abrir una v\u00eda de liberaci\u00f3n en el Mar Rojo (cfr.&nbsp;<em>Ex<\/em>&nbsp;14); la ha consagrado en el Jord\u00e1n sumergiendo la carne del Verbo, impregnada del Esp\u00edritu (cfr.&nbsp;<em>Mt<\/em>&nbsp;3,13-17; Mc 1,9-11;&nbsp;<em>Lc<\/em>&nbsp;3,21-22). Finalmente, la ha mezclado con la sangre de su Hijo, don del Esp\u00edritu inseparablemente unido al don de la vida y la muerte del Cordero inmolado por nosotros, y desde el costado traspasado la ha derramado sobre nosotros (&nbsp;<em>Jn<\/em>&nbsp;19,34). En esta agua fuimos sumergidos para que, por su poder, pudi\u00e9ramos ser injertados en el Cuerpo de Cristo y, con \u00c9l, resucitar a la vida inmortal (cfr.&nbsp;<em>Rom<\/em>&nbsp;6,1-11).<\/p>\n\n\n\n<p>Quique, vuestro cura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Liturgia: lugar del encuentro con Cristo 10.&nbsp;Aqu\u00ed est\u00e1 toda la poderosa belleza de la Liturgia. 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