{"id":9184,"date":"2022-08-23T18:27:03","date_gmt":"2022-08-23T17:27:03","guid":{"rendered":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/?p=9184"},"modified":"2022-08-23T18:27:06","modified_gmt":"2022-08-23T17:27:06","slug":"editorial-129","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/iglesia-en-villar.es\/blog\/2022\/08\/23\/editorial-129\/","title":{"rendered":"Editorial"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"has-text-align-center wp-block-heading\"><strong>La Iglesia: Sacramento del Cuerpo de Cristo<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<p>17. He advertido en varias ocasiones sobre una tentaci\u00f3n peligrosa para la vida de la Iglesia que es la \u201cmundanidad espiritual\u201d: he hablado de ella ampliamente en la Exhortaci\u00f3n Evangelii gaudium (nn. 93-97), identificando el gnosticismo y el neopelagianismo como los dos modos vinculados entre s\u00ed, que la alimentan.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero reduce la fe cristiana a un subjetivismo que encierra al individuo \u201cen la inmanencia de su propia raz\u00f3n o de sus sentimientos\u201d (Evangelii gaudium, n. 94).<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo anula el valor de la gracia para confiar s\u00f3lo en las propias fuerzas, dando lugar a \u201cun elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los dem\u00e1s, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energ\u00edas en controlar\u201d (Evangelii gaudium, n. 94).<\/p>\n\n\n\n<p>Estas formas distorsionadas del cristianismo pueden tener consecuencias desastrosas para la vida de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>18. Resulta evidente, en todo lo que he querido recordar anteriormente, que la Liturgia es, por su propia naturaleza, el ant\u00eddoto m\u00e1s eficaz contra estos venenos. Evidentemente, hablo de la Liturgia en su sentido teol\u00f3gico y \u2013 ya lo afirmaba P\u00edo XII \u2013 no como un ceremonial decorativo\u2026 o un mero conjunto de leyes y de preceptos\u2026 que ordena el cumplimiento de los ritos [6].<\/p>\n\n\n\n<p>19. Si el gnosticismo nos intoxica con el veneno del subjetivismo, la celebraci\u00f3n lit\u00fargica nos libera de la prisi\u00f3n de una autorreferencialidad alimentada por la propia raz\u00f3n o sentimiento: la acci\u00f3n celebrativa no pertenece al individuo sino a Cristo-Iglesia, a la totalidad de los fieles unidos en Cristo. La Liturgia no dice \u201cyo\u201d sino \u201cnosotros\u201d, y cualquier limitaci\u00f3n a la amplitud de este \u201cnosotros\u201d es siempre demon\u00edaca. La Liturgia no nos deja solos en la b\u00fasqueda de un presunto conocimiento individual del misterio de Dios, sino que nos lleva de la mano, juntos, como asamblea, para conducirnos al misterio que la Palabra y los signos sacramentales nos revelan. Y lo hace, en coherencia con la acci\u00f3n de Dios, siguiendo el camino de la Encarnaci\u00f3n, a trav\u00e9s del lenguaje simb\u00f3lico del cuerpo, que se extiende a las cosas, al espacio y al tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p>Redescubrir cada d\u00eda la belleza de la verdad de la celebraci\u00f3n cristiana<\/p>\n\n\n\n<p>20. Si el neopelagianismo nos intoxica con la presunci\u00f3n de una salvaci\u00f3n ganada con nuestras fuerzas, la celebraci\u00f3n lit\u00fargica nos purifica proclamando la gratuidad del don de la salvaci\u00f3n recibida en la fe. Participar en el sacrificio eucar\u00edstico no es una conquista nuestra, como si pudi\u00e9ramos presumir de ello ante Dios y ante nuestros hermanos. El inicio de cada celebraci\u00f3n me recuerda qui\u00e9n soy, pidi\u00e9ndome que confiese mi pecado e invit\u00e1ndome a rogar a la bienaventurada siempre Virgen Mar\u00eda, a los \u00e1ngeles, a los santos y a todos los hermanos y hermanas, que intercedan por m\u00ed ante el Se\u00f1or: ciertamente no somos dignos de entrar en su casa, necesitamos una palabra suya para salvarnos (cfr. Mt 8,8). No tenemos otra gloria que la cruz de nuestro Se\u00f1or Jesucristo (cfr. G\u00e1l 6,14). La Liturgia no tiene nada que ver con un moralismo asc\u00e9tico: es el don de la Pascua del Se\u00f1or que, aceptado con docilidad, hace nueva nuestra vida. No se entra en el cen\u00e1culo sino por la fuerza de atracci\u00f3n de su deseo de comer la Pascua con nosotros: Desiderio desideravi hoc Pascha manducare vobiscum, antequam patiar (Lc 22,15).<\/p>\n\n\n\n<p>21. Sin embargo, tenemos que tener cuidado: para que el ant\u00eddoto de la Liturgia sea eficaz, se nos pide redescubrir cada d\u00eda la belleza de la verdad de la celebraci\u00f3n cristiana. Me refiero, una vez m\u00e1s, a su significado teol\u00f3gico, como ha descrito admirablemente el n. 7 de la Sacrosanctum Concilium: la Liturgia es el sacerdocio de Cristo revelado y entregado a nosotros en su Pascua, presente y activo hoy a trav\u00e9s de los signos sensibles (agua, aceite, pan, vino, gestos, palabras) para que el Esp\u00edritu, sumergi\u00e9ndonos en el misterio pascual, transforme toda nuestra vida, conform\u00e1ndonos cada vez m\u00e1s con Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>22. El redescubrimiento continuo de la belleza de la Liturgia no es la b\u00fasqueda de un esteticismo ritual, que se complace s\u00f3lo en el cuidado de la formalidad exterior de un rito, o se satisface con una escrupulosa observancia de las r\u00fabricas. Evidentemente, esta afirmaci\u00f3n no pretende avalar, de ning\u00fan modo, la actitud contraria que confunde lo sencillo con una dejadez banal, lo esencial con la superficialidad ignorante, lo concreto de la acci\u00f3n ritual con un funcionalismo pr\u00e1ctico exagerado.<\/p>\n\n\n\n<p>23. Seamos claros: hay que cuidar todos los aspectos de la celebraci\u00f3n (espacio, tiempo, gestos, palabras, objetos, vestiduras, cantos, m\u00fasica, &#8230;) y observar todas las r\u00fabricas: esta atenci\u00f3n ser\u00eda suficiente para no robar a la asamblea lo que le corresponde, es decir, el misterio pascual celebrado en el modo ritual que la Iglesia establece. Pero, incluso, si la calidad y la norma de la acci\u00f3n celebrativa estuvieran garantizadas, esto no ser\u00eda suficiente para que nuestra participaci\u00f3n fuera plena.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Iglesia: Sacramento del Cuerpo de Cristo 17. 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