LA IGLESIA ARCIPRESTAL

DE VILLAR DEL ARZOBISPO

La iglesia arciprestal de Villar del Arzobispo, pertenece a la diócesis de Valencia, y está dedicada a la Santísima Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Paz, celebrándose su fiesta el 24 de Enero.
Se levanta sobre la cumbre de un montículo en que se desarrolla la población, va de Este a Oeste, mirando su fachada al norte.
Primitivamente este iglesia era gótica, pero se reformó con aditamentos barrocos y churriguerescos
En sus orígenes, fue filial de la de Chulilla, desmembrándose de la matriz el día 29 de Agosto de 1.575.
A pesar de las muchas investigaciones realizadas, nos ha sido imposible inquirir la fecha en que se levantó. Tendríamos seguramente dilucidado este punto si poseyésemos los Libros de Visitas Pastorales anteriores al año 1.634, que es el más antiguo que se custodia en el archivo parroquial, pues es indudable que habrían de arrojarnos no poca luz. Ahora bien aunque no puede asegurarse cuando se construyó, es lógico pensar que tal hecho ocurriría después de haber sido erigido nuestro templo en parroquia y posiblemente en el transcurso que abarca de 1.614 a 1.626, ya que en esas fechas fue cuando el rey Felipe III concedió, dos empréstitos uno de 1.500 libras y otro de 500 libras a esta iglesia.
En los albores del sigo XVIII, se prolongó su planta, a costa de dos casitas colindantes, habiéndosele adicionado, a finales del siglo XIX y a expensas de algunos aposentos del contiguo palacio prelacial, la capilla de la comunión, verdadera joya arquitectónica, de estilo neoclásico.
Su robusto campanario de planta cuadrada y regular altura, alzase en la parte posterior de la fachada y consta de tres cuerpos. En su cornisa aparecen cuatro enigmáticas gárgolas, coronándolo artísticas almenas y la barroca espadaña del reloj construida en los umbrales del presente siglo XX.
Dan paso al interior del templo, tres puertas, de las que dos están en la fachada, y una en la trasera, al pie de la torre, sobre la principal, exornada con clavos y herrajes del siglo XV, hay una hermosa portada de transición, entre el gótico y renacimiento, figurando sobre ella, una hornacina de visos barrocos, con la escultura labrada en piedra de la Virgen de la Paz.
A la del mismo lado llamada “de las procesiones”, le da mucho realce la bonita portada barroca, construida en 1.955, siendo la puerta trasera o “de las campanas”, de igual tiempo y estilo que la principal o “del rincón”.
Interiormente tiene una superficie de 839 metros cuadrados, planta de cruz latina, y arquitectura de orden toscano. Se compone de amplia nave, con bóveda de medio cañón, elevándose en el crucero airosa la cúpula ornamentada con vistosos frescos, que representan la Gloria, pintados por Salvador Gil, en 1.920.

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Su altar Mayor, de yeso y barroco estilo es obra del artista Tomás Soler Comeche, ejecutada en 1.902, porque en la noche del 6 de noviembre de 1.901, se produce un incendio en el retablo del altar mayor (era de bello estilo salomónico y se componía de dos cuerpos en el inferior estaba el nicho de Nuestra Señora de la Paz, y en recuadro superior, un lienzo con la Crucifixión. En ambos lados del nicho había tres lienzos. En el derecho de abajo arriba la Anunciación, La Venida del Espíritu Santo y San Vicente Ferrer En el izquierdo, también de abajo arriba: la Adoración de los Reyes Magos, la Ascensión y San Vicente Mártir. Sobre /as basas extremas del cuerpo superior, las imágenes de Santo Tomás de Villanueva y San Blas, Obispo, y, en los colaterales, dos relicarios, estilo renacimiento, con las reliquias del Padre Francisco Tomás, trajo de los Santos Lugares) quedando en pocas horas convertido en cenizas. El fuego se inició al filo de la media noche, y a pesar de que el vecindario en masa acudió a extinguirlo, sus esfuerzos resultaron ineficaces. También fue convertida en pavesa (cenizas) la venerada imagen de Nuestra Patrona, sufriendo bastantes desperfectos algunos Santos. El historiador Sucías nos da en el folio 252 del tomo correspondiente a Villar, de su historia de la provincia de Valencia, un extenso relato de este desastre. Dejemos, pues, correr la pluma copiando el texto de dicho autor. “De Villar del Arzobispo nos comunican los siguientes detalles relativos al incendio de la iglesia de aquél pueblo.
A las once de la noche, los serenos notaron que había fuego en la iglesia, y al momento comenzaron a llamar en todas las puertas dando la terrible noticia. Se congregaron en la plaza todos los villarenses y trataron de penetrar en la iglesia, lo que no pudieron conseguir por el espeso humo que por la puerta principal salía. Un grupo de valientes subió al tejado del palacio del Sr. Arzobispo, y, abriendo brecha en aquél, pasaron a la iglesia y rompieron una ventana de la cúpula para que por allí saliera el humo.
Al momento de romper la ventana de la cúpula, no eran ya las llamas de un incendio las que por ellas se abrían paso, sino que verdaderamente parecía un volcán cuyas llamas redujeron a pavesas las demás ventanas de la expresada cúpula.
Atajaron otros el fuego por la ventana que da al camarín de la Virgen, y cuando el espesor del humo fue menor, se lanzaron todos hacia el altar mayor, que le fuego estaba consumiendo. Todo fue inútil sin embargo, pues se vio con profundo dolor que la imagen venerada de la Virgen de la Paz caía hecha carbón y completamente desfigurada sobre el Tabernáculo, en cuyo montón de escombros se hallaba sepultado y consumido por las llamas el hermoso Viril con la Sacratísima e Inmaculada Hostia.
La imagen de la Virgen se extrajo de entre las llamas, y fue trasladada a la casa abadía.
Además de esta preciosa imagen, el fuego consumió el altar mayor, con dos hermosos relicarios, la cruz parroquial con candelabros, sacras e incensarios, todo de plata; otra cruz, candelabros y sacras de bronce, el órgano en su totalidad destruido, un palio nuevo con la caja, la Vera Cruz y la imagen de San Vicente, además de todas la imágenes, por cierto algunas de subido precio, han quedado completamente deterioradas, como San José, la Virgen del Rosario, San Blas, Corazón de Jesús, el Nazareno, la Virgen del Carmen, Santa Teresa y el Beato Juan de Rivera. A todo lo cual hay que añadir el estado lamentable en que ha quedado el templo.”
El altar Mayor se compone de diez estriadas columnas con capiteles de orden compuesto, y fustes ornamentados, en su tercio inferior, con radiadas conchas, filites y cartelas, en las que aparecen dibujos incisos de temas marianos. Es notable por su exuberancia decorativa. (Lo embellecían las estatuas -destruidas durante la Guerra- de San Vicente Ferrer, San Roque, San Joaquín, Santa Ana, Santo Tomás de Villanueva, San Blas y dos Ángeles que estuvieron colocados en los entrepaños y pedestales de sus cornisa). Consta de dos cuerpos; en el inferior, integrado por seis columnas, existe amplio nicho coronado por una altorrelieve con la paloma del Espíritu Santo y venerada imagen de la Virgen de la Paz, talla policroma de 1,60 metros de altura, revestida y engalanada con corona imperial y diadema, hallándose a ambos lados los lienzos -de relevante mérito, originales de Manuel Diago- de San Vicente Ferrer y San Roque, que con Nuestra Señora de la Paz, comparten, e! patronazgo del municipio.

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Vistosa cornisa con dentículos separa este cuerpo del superior, en cuyo recuadro, flanqueado por pareadas columnas, hay un lienzo con la Coronación de la Virgen, y como remate del altar, figura entre dos jarrones arquitectónicos, un frontón partido en su centro , para dar paso a un bajorrelieve con el anagrama de María.

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Adornan el presbiterio, dos grandes medallones de gusto rococó con sendos óleos -del pintor últimamente citado-, los cuales ostentan: a Nuestra Señora entregando la casulla a San Ildefonso, el de la Epístola, y la aparición de la Virgen a los árabes, sobre la ciudad de Toledo, cuando ésta fue conquistada en 1.85, por el Rey Alfonso VI de Castilla, el del Evangelio. Realza también la ornamentación del presbiterio un zócalo de policromados azulejos, procedentes del que hubo antes de restaurar la iglesia en 1.708.
Contiguas al altar Mayor, están la sacristía (en donde puede apreciarse un hermoso aguamanil de mármol) y la capilla vieja de la comunión, destinada actualmente a cuarto trastero. El camarín, de planta rectangular y pequeña cúpula sin linterna ni arcos torales, recibe luz por una ventana que existe frente al nicho de la Patrona.
Los nombres de sus capillas laterales, a partir del altar mayor, y siguiendo por el lado de la epístola, son los siguientes:

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Patriarca San José,
San Roque

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Virgen del Carmen,

 

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Santísimo Cristo
y San Miguel Arcángel y Santa Rita
En el del evangelio y arrancando también del altar mayor, se encuentran las capillas
Del Sagrado Corazón de Jesús,
San Antonio Abad,
San Juan de Rivera ,
San Vicente Ferrer,
San Antonio de Padua
y San Blas.
Sus bellísimos altares han sido construidos después de la guerra. Antes de ésta estaban, excepto las del Patriarca San José, (este altar con columnas salomónicas, tenía en el nicho superior a San José, en el de abajo al Sagrado Corazón de Jesús, en el lado derecho la imagen de San Francisco Javier y en izquierdo, la de San Juan Bautista. En el recuadro del remate figuraba un lienzo con San Calixto.), Santísimo Cristo (que estaba formado por dos columnas, con capiteles de orden jónico. En el nicho, tallada en madera la imagen del crucificado y a sus pies una diminuta iconografía de la Virgen del Pilar. Sobre su frontón y en el centro de un nimbo, el anagrama de Jesús), y San Antonio Abad (Tenía dos cuerpos, flanqueados por columnas salomónicas, ornamentados con pámpanos y uvas. En el nicho inferior la imagen de San Antonio Abad, y en el de arriba la de Santa Bárbara, coronándolo una gran cruz.).
La de San Roque estuvo dedicada a la Virgen del Rosario (En el nicho figuraba la imagen de la Virgen del Rosario y en los laterales dos lienzos con Santo Domingo de Guzmán y Santa Catalina de Siena y arriba la crucifixión también al óleo).
La de la Virgen del Carmen estuvo dedicada a las Almas de Purgatorio (era de orden salomónico. En la parte central un gran lienzo representaba la ascensión de las Almas de Purgatorio a la Gloria; en el inferior una urna con una imagen de la Virgen del Carmen, de unos treinta centímetros de altitud, y en la superior un pequeño nicho con la imagen de San Antonio de Padua); la de San Miguel Arcángel.
La de San Juan de Ribera (Era altar privilegiado y tenía un sólo nicho, figurando en él la imagen del Beato Juan de Ribera. En la parte inferior y en una urna, Nuestra Señora de la Merced. Al altar lo coronaban un gran cáliz y una Sagrada Hostia).
La del Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen de los Dolores (era de orden salomónico. La Dolorosa, en el nicho central. Al pie de éste y sobre la mesa del altar había otro de la Asunción y en el superior el descendimiento. En los colaterales del retablo la Milagrosa).
La de San Vicente Ferrer, a San Antonio de Padua (hasta que se hizo la capilla de la comunión, estuvo el altar de Santa María Magdalena, habiendo desaparecido éste para abrir una de las dos puertas de acceso a la citada capilla. En 1.910 volvió a construirse otro, bajo la advocación de San Antonio de Padua, cuya imagen figuraba en el centro. Arriba, San Pedro Apóstol y abajo la Virgen del Perpetuo Socorro).
La de San Antonio de Padua a Santa Teresa de Jesús (antiguamente estuvo bajo la advocación de San Joaquín y Santa Ana. Fue en 1.898 cuando se quitó el lienzo de los padres de la Virgen María para hacer un nicho, habiéndose colocado en él la imagen de Santa Teresa de Jesús. En la parte superior del retablo, figuraba Santa Lucía y en el inferior dentro de una urna el Niño Jesús).
La de San Blas a San Miguel Arcángel (constaba de dos cuerpos. El inferior, flanqueado por dos columnas a cada lado, tenía en el centro la imagen de San Miguel. El de arriba representaba un frontón partido por medio para dar paso a un diminuto nicho en el que figuraba la imagen de San Diego de Alcalá); Los retablos de los antiguos altares tallados en madera ricamente dorada eran de relevante mérito y las mesas de mampostería, es de advertir que en la actual capilla de San Juan de Ribera, construida después de la guerra, estuvo la puerta de entrada a la torre y sobre ella la tribuna del órgano.
Sobre los imitados de ventana de los lunetos están las magníficas pinturas de los doce apóstoles, obra también de Manuel Diago.

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Un gran óculo que da al patiecillo por donde corre la escalera de honor del palacio, alumbra sus pies, en los que se halla el baptisterio contemplándose un valioso retablo de azulejería con el bautismo de Jesús.
La pila bautismal, de mármol “biuxcarró”, está cercada por una verja de hierro artísticamente labrada.

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El púlpito se encuentra en la pilastra existente entre el brazo del crucero y la primera capilla lateral de la epístola.
El pavimentos de la nave es de grandes losas de piedra artificial, blancas y grises.

LA CAPILLA DE LA COMUNIÓN
El pavimento de la capilla de la comunión de mármol negro de Alcublas.
Como la antigua capilla de la comunión, resultaba incapaz, se pensó construir otra que supliese las deficiencias de aquella. Para ello tuvieron que tomar algunas estancias del palacio, colocándose la primera piedra el Domingo de Ramos de 1.883, y bendiciéndose el 2 de mayo de 1.885. Aquella misma noche la Adoración Nocturna Local, fundada a la sazón con el n° 5 de la diócesis y el veinte de España, celebró su primera y solemne Vigilia. Toda la capilla es de una grandiosidad extraordinaria, del más puro estilo neoclásico, venerándose en el nicho del centro de su único altar, la Purísima Concepción, permaneciendo vacíos los laterales, los que antes de 1.936 estaban dedicados a San Luis Gonzaga y San Francisco de Asís. Sobre el Tabernáculo, existe un precioso templete de mármol en forma de monóptero con esbeltas columnas, donde se custodió, hasta antes de la guerra, la Vera Cruz y al que se asciende por doble escalinata.
La capilla de hizo con limosnas, fábrica de la Iglesia y prestación personal.

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