Editorial

Llega la Alegría

Querida familia, ya estamos llegando a la recta final del tiempo de Adviento, y la gran fiesta de la Navidad llama a nuestra puerta. Es cierto que la situación sanitaria nos hace encontrarnos alicaídos y algo apagados ante la celebración de una Navidad que no nos permite hacer muchas de las cosas a las que estamos acostumbrados. No obstante, también creo que es una posibilidad que nos ofrece la vida a los cristianos para revalorizar la Navidad, para devolver a estas fiestas su sentido más esencial y originario.

Es un tiempo especialmente propicio, la Navidad de 2020 para que nos planteemos reabrir nuestra casa y nuestro corazón a la presencia de un pequeño niño, recién nacido, indefenso y débil, que viene a traernos de nuevo la luz, la esperanza y la inocencia de la que tan necesitados nos encontramos en un tiempo difícil, convulso y entristecido como el que estamos viviendo. Ese niño indefenso es el mismo Dios hecho hombre.

Quizás sea la oportunidad de recuperar en nuestro núcleo familiar más reducido la buena costumbre de cerrar la cena de Nochebuena sumándonos a la gran familia de la parroquia y celebrando juntos la Eucaristía. Es un buen momento para recordar que lo que celebramos alrededor de las mesas, se hace presente principalmente en la mesa del altar, y de forma especialmente entrañable en la Misa del Gallo.

El Covid, que tantas puertas nos ha cerrado este año, nos ofrece la posibilidad de que estas fiestas sean en nuestra vida espiritual un nuevo tiempo para la contemplación del misterio del Dios hecho hombre, de ese pequeño niño, pobre y necesitado de los cuidados de su madre, y por quien se ha llevado a cabo la redención de la humanidad. Se nos abren esta vez las puertas de un misterio que da sentido a nuestra fe ¿vamos a perder la oportunidad de recordar y recuperar quién es y cómo es el Jesús en quién creemos?

Para facilitar esto, desde la parroquia estamos llevando a cabo un proyecto especialmente sensibilizador y en el que se ha invertido mucho tiempo y esfuerzo. En la capilla del Santísimo se va a instalar un Belén que tiene como centro la presencia de Cristo Eucaristía, y que nos ofrece una experiencia de oración para que nos adentremos en el misterio de la encarnación.

Os invito a que lo llevemos a nuestra vida diaria, a que experimentemos cómo Dios, desde que Cristo se hizo hombre, acompaña a nuestro mundo en sus luchas, sufrimientos y dificultades. Os invito a pasar un tiempo de recogimiento y oración ante esta representación artística del misterio del nacimiento del Señor que es el Belén.

Que esta Navidad, aunque distinta y diferente, nos sirva para recordar cómo Dios nos ama, y con esta certeza y la alegría que esto nos produce, podamos como comunidad cristiana, vivirlo entre nosotros y compartirlo con aquellos que no lo saben. Nace el Mesías, como canta la Calenda de Navidad, “alegraos, haced fiesta, y celebrad la mejor noticia de toda la historia de la Humanidad”.

¡Vuestro cura os desea con gran afecto a todos Feliz Navidad!

Quique, vuestro cura.

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