EDITH STEIN Y LA CONFIANZA EN DIOS
La conversión de Edith Stein culminará tras la lectura del libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús en el verano de 1921 y con la recepción del bautismo católico el 1 de enero de 1922. A partir de aquí su existencia se fundamenta sobre un único pilar: Cristo.
En Cristo contempla la verdad que ilumina inteligencia y corazón, que mueve la voluntad y alienta las esperanzas en un entorno no siempre a su favor. Nuevas coordenadas steinianas orienta su vida a partir de ahora: «Cristo es el centro de mi vida y la Iglesia de Cristo mi Patria»
Ceder el protagonismo personal a Dios-Padre revelado en Cristo, descargar en Él los agobios y las esperanzas, constituyen la mejor expresión de una fe arraigada en el espíritu evangélico. «Dios sabe qué planes tiene sobre mí. Por eso yo no necesito preocuparme… En el fondo es una verdad pequeña y sencilla, la que siempre tengo que decir: Cómo se puede comenzar a vivir en la manos de Dios». «Para el hombre creyente, el mundo es el mundo de Dios: todo lo que existe ha sido creado por Dios; todo lo que sucede, sucede según el plan de Dios o, al menos está previsto por Dios e introducido en su plan.
Edith Stein descubrió la riqueza que supone ser hijos de Dios, y también la consecuencia que conlleva: vivir desde el espíritu de confianza en quien dirige a su manera nuestro caminar por este mundo. En última instancia ¿ qué significa ser hijo de Dios? La respuesta suena así de convincente: Caminar siempre de la mano de Dios, hacer su voluntad y no la propia, poner todas nuestras esperanzas y preocupaciones en la manos de Dios y no preocuparse de sí mismo y de su futuro».
Hermanas Carmelitas