INMACULADA
Celebrar la fiesta dela Inmaculada es empezar a soñar. Sueñas con la belleza; una cosa tan bella que te saca de ti mismo, que te embriaga. Sueñas con la bondad; todos los demonios vencidos y echados fuera. Sueñas con el Paraíso, lleno de vida y de ciencia del Señor. Sueñas con la perfección, la plenitud de lo humano, en los límites de Dios. La celebración de una fiesta así despierta en nosotros los sentimientos más hermosos y los deseos más grandes. Son posibles los sueños. Ya todo es posible.
La fiesta de la Inmaculada Concepción es la utopía humana realizada. Ella es mujer, es madre, es judía; pero todo eso se trasciende; es algo más, es el logro mejor de la naturaleza humana, es la cúspide de los mejores esfuerzos humanos, es la confirmación de nuestra esperanza. Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que el hombre puede acercase a Dios y Dios al hombre, es decir, María, Un mundo de comunión entre los hombres y de armonía con la naturaleza, es decir, María. Un mundo en que el hombre sea liberado de toda esclavitud, es decir, María.
María es el camino acertado es el programa justo de la perfección lograda. María nos sueña que estamos hechos para la felicidad; pero la felicidad no se consigue con más placer, sino con más libertad con más sensibilidad, con más amistad, con más amor. María nos enseña que estamos hechos para amar, que es amando como somos dichosos, que el que sólo se ama a sí mismo se degrada, que dando se gana, que sirviendo se eleva, que olvidándose se encuentra. María nos enseña que la libertad es para servir, que en el servicio crecemos, que en el vacío de sí nos llenamos.
Que la Virgen Inmaculada, nos ayude a vivir junto a Ella este tiempo de Adviento, de Espera el Nacimiento del Mesías.
Hermanas Carmelitas


