Rincón Carmelitano

UNO DE ENERO. MATERNIDAD DE LA VIRGEN MARÍA.

LA VIRGEN, MARÍA

Lejos de entender o adueñarse la situación, María es la mujer que sabe conservar, es decir proteger, custodiar en su corazón el paso de Dios en la vida de su pueblo. Desde sus entrañas aprendió a escuchar el latir del corazón de su Hijo y eso le enseñó, a lo largo de toda su vida, a descubrir el palpitar de Dios en la historia…

Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En Ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otro para sentirse importantes.

María es la del corazón abierto por la espada, que comprende todas la penas. Como Madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que sufren dolores de parto hasta que brote la justicia. Ella es la misionera que se acerca a nosotros para acompañarnos por la vida, abriendo corazones a la fe con su cariño materno. Como una verdadera madre, Ella camina con nosotros, lucha con nosotros, y derrama incesantemente la cercanía del amor de Dios. Contemplamos su vida, y nos sentimos comprendidos, entendidos. Podemos sentarnos a rezar y usar un lenguaje común frente a un sinfín de situaciones que vivimos a diario. Nos podemos identificar en muchas situaciones de su vida. Contarle todas nuestras realidades porque Ella las comprende. Ella se acerca en las situaciones más diversas para sembrar esperanza. Acompañó las cruces cargadas en el silencio del corazón de sus hijos. María nos dio el calor materno, ese que nos cobija en medio de las dificultad; el calor materno que permite que nada ni nadie apague en el seno de la Iglesia la revolución de la ternura inaugurada por su Hijo. Donde hay madre, hay ternura.

FELIZ AÑO NUEVO 2026, CAMINEMOS ESTE AÑO, COGIDOS DE LAS MANOS MATERNALES DE MARÍA.

Hermanas Carmelitas

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