VILLAR, SE TE HA DADO UNA MADRE MUY ESPECIAL
Y después de la Navidad, casi sin tiempo para digerir todo lo que hemos vivido en estas semanas tan intensas en todos los ámbitos, comenzamos los días del año que más nos pueden marcar a nivel espiritual, local, parroquial religioso, cultural y tradicional: La novena y fiestas en honor a nuestra Señora, la Virgen de la Paz.
En este sentido, sin haber vivido de primera mano la experiencia de estos días, lo que puedo decir sobre la fiesta es lo que otros me han contado. Pero sí que hay una serie de intuiciones que me rondan por la cabeza durante estos días, especialmente dos:
El hecho de que tengamos como patrona a la Virgen en una advocación tan especial me da mucho que pensar. En esta época que atravesamos uno de los dones que más brilla por su ausencia es precisamente el don de la paz. La paz, entendida como don, no es simple ausencia de conflictos, no es simplemente que todo me vaya bien y que no tenga problemas. El don de la paz se basa en la certeza de que, precisamente, aunque todo vaya en mi contra, aunque mi mundo se desmorone, mi vida está en manos de Dios y Él no va a permitir que me ocurra nada que me hunda, no va a permitir nada que supere mis fuerzas. La paz viene de la experiencia de que el que me sostiene es Otro, Dios mismo… y ahí es donde descanso. Es precioso contemplar la Reina de la Paz sostiene sobre sus manos al que es el Rey de la Paz, al que es la Paz misma.
¿Qué significa el término Patrona? Que la Virgen de la Paz sea patrona de Villar no significa que esa imagen represente a una Madre alejada de los problemas del pueblo, de cada uno de los que estamos aquí. El patronazgo implica una misión que se ejecuta, que se cumple real y verdaderamente en el cielo. Lo digo de otra manera, que el pueblo y la parroquia tenga a la Virgen de la Paz como patrona tiene un efecto real en el mismo cielo. Por lo tanto, como primera idea lanzo una pregunta: ¿Qué querrá Dios de Villar al regalarnos a su Madre con esta advocación tan especial? Quizás, lo primero que quiera de nosotros sea algo muy evidente: Acógete a esta Madre en los momentos de tormenta y de guerra. Villar, ahí tienes a tu Madre, Madre ahí tienes a tu hijo. ¡Cuánto sufrimiento vivido en silencio hay en nuestras casas… ahí tienes a tu Madre! Esa es la labor de la intercesión: protección, indicar el camino, la fortaleza necesaria, llevar a Jesucristo. Pero el patronazgo tiene otra misión, indicar un modelo, una forma de vivir la fe. Sabemos de sobra que María no lo tuvo fácil en su vida, esta Madre en más de una ocasión derramaría lágrimas por su hijo, por los que le traicionaron, le abandonaron, etc. Es decir, esta Madre sabe lo que es sufrir… ¿y la llamamos Reina de la Paz? Claro, porque en medio de su cruz personal, cuánto más pesaba, cuanto más costaba llevarla, más se aferraba al que sabía que podía sostenerla.
No he conseguido expresar del todo lo que me ronda por la cabeza, pero no importa. Quiero acabar haciéndoos una petición: Jesús ha hecho muy bien en regalarnos a su Madre bajo este título, lo ha hecho muy bien. Por lo tanto, acogeos a esta Madre, visitémosla en todo momento, busquemos momentos de estar con ella y sobre todo, hablémosle a Ella de nuestros sufrimientos y del de nuestros vecinos. Dejemos que nos cuide. Intercedamos unos por otros y Ella por todos.
Vuestro párroco, Julio.


