VÁMONOS A VER EN TU HERMOSURA
( cántico espiritual de San Juan de la Cruz )
«¡Oh cristalina fuente, / sien esos tus semblantes plateados / formases de repente / los ojos deseados / tengo en mis entrañas dibujados»!
El místico Juan de la Cruz nos regala un encuentro orante, en que el alma dialoga con Cristo, al que llama cristalina fuente de la que mana todos los bienes espirituales. El alma pide que la vida de Dios sea ya vida suya, anhela la «vida eterna», la gloria, la plenitud de la salvación.
La tensión del deseo-ansia-gemido, que impregna las etapas del itinerario espiritual hacia la vida eterna en Juan de la Cruz, nace la esperanza y el encuentro definitivo con Cristo. Es el «ya, pero todavía no»; lo ya conseguido y lo que todavía falta por conseguir. El Espíritu Santo, que da a probar el vino del amor, provoca dentro del alma un gemido y convida a la esperanza del encuentro de bodas.
Llegar a ver los ojos deseados, dibujados por la fe en las entrañas, es el bien supremo al que tiende la esperanza cristiana, y este no se alcanza plena y definitivamente en esta vida, sino en la vida eterna, traspasando el pórtico desde la muerte a la gloria.
Descubre tu presencia, / y máteme tu vista y hermosura; / mira que la dolencia de amor, / que no se cura, sino con la presencia y hermosura ( Cántico…)
Aunque el gemido amoroso e impaciente del alma saborea la unión con Dios, según se puede en esta vida, la ausencia del Amado deja una dolencia honda que solo se cura con la presencia del Amado. Fuera de él, en nada descansa, de nada recibe alivio.
La dolencia del amor es una enfermedad que solo se cura cuando los amantes se trasfigura el uno en el otro. Cuando esto se da » no le puede ser al alma ama amarga la muerte, pues en ella están todas sus dulzuras y deleite de amor»
Estos gemidos están mezclado de gozo y dolor, de ausencia y de presencia. El alma está como un vaso vacío, que espera ser llenado con la posesión completa y definitiva; y esta tensión es un anticipo de la eternidad.
Hermanas Carmelitas


