Editorial

Caminemos juntos en la esperanza:

una llamada a vivir la Cuaresma con confianza

La Cuaresma, palabra que deriva del latín “quadragesima”, evoca los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto, enfrentando tentaciones y preparándose para su misión salvadora. Este número no es casual; tiene un profundo significado bíblico y espiritual. Los cuarenta días nos remiten a los cuarenta años que el pueblo de Israel peregrinó por el desierto, camino a la Tierra Prometida, y también a los cuarenta días que Moisés pasó en el monte Sinaí antes de recibir las Tablas de la Ley. Es un tiempo de prueba, de purificación y de preparación, un período en el que Dios nos invita a despojarnos de lo superfluo para centrarnos en lo esencial: nuestra relación con Él y con los demás.

En este contexto, el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2025, titulado “Caminemos juntos en la esperanza”, nos ofrece una guía espiritual para vivir este tiempo litúrgico con profundidad y autenticidad. El Santo Padre nos invita a reflexionar sobre tres llamadas a la conversión: como peregrinos, en la sinodalidad y en la esperanza. Estos ejes no solo iluminan el camino cuaresmal, sino que también nos ayudan a entender cómo podemos transformar nuestra vida cotidiana en una auténtica peregrinación hacia Dios.

La primera llamada es a reconocernos como “peregrinos”. La vida cristiana es, en esencia, un camino. No somos estáticos, sino que estamos en constante movimiento hacia la casa del Padre. El Papa nos recuerda el éxodo del pueblo de Israel, que pasó de la esclavitud a la libertad bajo la guía amorosa de Dios. Este relato bíblico nos interpela hoy, especialmente ante la realidad de tantos hermanos y hermanas que, como los israelitas, huyen de la miseria y la violencia en busca de una vida digna. La Cuaresma es un tiempo propicio para preguntarnos: ¿cómo estamos caminando? ¿Avanzamos con esperanza y confianza en Dios, o nos hemos estancado en la comodidad, el miedo o la indiferencia? Este tiempo nos invita a salir de nuestras zonas de confort y a comprometernos con la liberación de quienes sufren, imitando a Cristo, que vino a liberar a los oprimidos.

La segunda llamada es a la *sinodalidad*, es decir, a caminar juntos. La Iglesia no es una agrupación de individuos aislados, sino una comunidad de creyentes que avanzan unidos hacia la misma meta. El Papa Francisco subraya que el Espíritu Santo nos impulsa a salir de nosotros mismos para encontrarnos con Dios y con los demás. En un mundo marcado por la división y el individualismo, la Cuaresma nos desafía a ser artífices de unidad, a escuchar con amor y a acoger a quienes se sienten excluidos. Esta llamada nos invita a examinar nuestras relaciones: ¿somos capaces de caminar codo a codo con nuestros hermanos, especialmente con los más vulnerables? ¿Practicamos la escucha atenta y la solidaridad en nuestras familias, comunidades y lugares de trabajo? La sinodalidad no es solo un ideal, sino una práctica concreta que nos acerca al corazón de Dios.

La tercera llamada es a la *esperanza*. En un mundo marcado por la incertidumbre y el sufrimiento, la esperanza cristiana es un faro que ilumina nuestro camino. El Papa nos recuerda que nuestra esperanza no se basa en promesas humanas, sino en la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. La resurrección de Jesús es la garantía de que, al final de nuestro peregrinar, nos espera la vida eterna. Este tiempo de Cuaresma nos invita a preguntarnos: ¿vivimos con la certeza de que Dios nos ama incondicionalmente y nos ofrece su perdón? ¿Anhelamos la salvación y confiamos en que Dios nos guía, incluso en los momentos más oscuros? La esperanza no es pasiva; nos impulsa a comprometernos con la justicia, la fraternidad y el cuidado de la creación, trabajando para que nadie quede atrás.

La Cuaresma, es un tiempo para revisar nuestra vida, para convertirnos y para renovar nuestra confianza en Dios. Como peregrinos, estamos llamados a avanzar con fe; como comunidad, a caminar juntos en la sinodalidad; y como hijos de Dios, a abrazar la esperanza que no defrauda.

Que la Virgen María, Madre de la Esperanza, nos acompañe en este camino cuaresmal, intercediendo por nosotros y ayudándonos a preparar nuestros corazones para la gran fiesta de la Pascua.

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