Editorial

Jornada por la Vida: abrazando la vida construimos esperanza.

En un mundo que parece haberse olvidado del valor sagrado de la vida, nos encontramos sumidos en una sociedad que, lejos de abrazar la naturaleza como don divino, apuesta por la muerte. Los datos son alarmantes: en el año 2023, España registró un número escalofriante de abortos, 103.097, cifra que no solo refleja una crisis demográfica, sino también una profunda herida moral y espiritual. Esta realidad, unida a la creciente desintegración de la familia como célula básica de la sociedad, nos interpela como creyentes y nos llama a reflexionar sobre el sentido de la vida humana, creada a imagen y semejanza de Dios.

Los obispos de España, en su mensaje para la Jornada por la Vida de 2025, nos recuerdan que «la vida es un don sagrado, un misterio que nos trasciende y que nos invita a acogerla con gratitud y responsabilidad».

La vida, desde su concepción hasta su fin natural, es un camino de amor que Dios ha querido compartir con nosotros, y negarla o destruirla es cerrar las puertas a la gracia y a la esperanza.

La crisis de la familia, como núcleo fundamental de la sociedad, es otro síntoma de esta cultura de la muerte. La familia, instituida por Dios como santuario de la vida y escuela de amor, está siendo erosionada por ideologías que promueven el individualismo y el relativismo. Los obispos nos alertan sobre la necesidad de recuperar el sentido de la familia como «iglesia doméstica», donde se aprende a amar, a perdonar y a vivir en comunión. Sin familias sólidas y unidas, la sociedad pierde su cimiento y se vuelve incapaz de acoger y proteger la vida en todas sus etapas.

En este contexto, la Jornada por la Vida se convierte en un momento privilegiado para reafirmar nuestro compromiso con el Evangelio de la Vida. Es una llamada a la conversión, a mirar con ojos de fe la realidad que nos rodea y a ser testigos valientes de la verdad. Como nos recuerdan los obispos, «la defensa de la vida no es solo una cuestión ética, sino un acto de fe y de amor hacia Dios, creador y dador de la vida».

En este día, nuestra mirada se dirige también a María, la Madre de la Vida, en la celebración de la Anunciación. En el «sí» de María encontramos el modelo perfecto de acogida y entrega a la voluntad de Dios. Ella, que concibió en su seno al Autor de la Vida, nos enseña a decir «sí» a la vida en todas sus formas y circunstancias. En su humildad y obediencia, María se convierte en la primera discípula de Cristo y en la madre de todos los que luchan por defender la dignidad de la vida humana.

Que en esta Jornada por la Vida, bajo el amparo de María, renovemos nuestro compromiso de ser custodios de la vida y mensajeros de la esperanza. Que, como ella, sepamos acoger el don de la vida con un corazón agradecido y generoso, y que nuestra sociedad, iluminada por el Evangelio, pueda volver a descubrir la belleza y la sacralidad de cada existencia humana. Porque, como nos recuerda el mensaje de los obispos, «en la defensa de la vida, estamos defendiendo el futuro de la humanidad y la gloria de Dios».

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