GRITA A PLENO PULMÓN
Comenzamos la semana más grande, la que nos ha marcado para siempre y para toda la eternidad: la Semana Santa.
El primer encuentro que tendremos con el “Divino Condenado”, será el Domingo de Ramos. Es bueno que nos detengamos y que caigamos en la cuenta de los detalles más pequeños, para que no pasemos por la Semana Santa por encima o que la vivamos como un cúmulo de actos religiosos sin más.
A mí me gustaría detenerme en detalles muy pequeños del Domingo de Ramos:
La palabra “Hosanna”: Es una palabra que conocemos muy bien. Aparece en el canto del “Santo” de la misa. Y tiene dos significados. El primero podría ser “bendito” o “viva.” Sin embargo, el segundo significado es más curioso. Viene de la palabra hebrea “hoshi´ a na”, que significa “sálvanos, por favor”. Qué sentidos tan aparentemente contrarios… o no.
El segundo detalle es otra frase del evangelio, donde dice que “la gente alfombraba el camino con ramos de olivo y con sus mantos”. Esto significa dos cosas: alfombrar el camino con olivo significa respeto, reverencia, alegría de su venida, acogida completa. Alfombrar el camino con sus mantos significa que ponían a sus pies todo lo que son, su identidad, su vida, su historia. Todo lo que son y tienen.
Creo que ya tenemos deberes en el comienzo de la semana santa. El Domingo de Ramos aclamemos a Jesucristo como nuestro Rey, como el que viene a salvarnos, el que viene a sacarnos de la oscuridad. Grítale con esa pasión con que le gritaban hace 2000 años, “Bendito el que viene” o “sálvame, por favor”. Lo cual se podría traducir por: “¿Qué haría yo sin ti?” o “Te necesito más que a nadie”.
Y para que tu grito no se quede en pensamientos o solo palabras, haz ese gesto que nos dice el evangelio de ese día: dale todo lo que eres, tu situación personal, tu desastre personal, tu historia, tus alegrías y penas, tu familia… todo lo que tú eres. Métete de lleno en el Domingo de Ramos para que puedas experimentar una cosa durante el Santo Triduo Pascual: Que el Rey se hace siervo, que el Justo es condenado, que el Buen Pastor se queda solo, que el más bello de los hombres se convierte en alguien a quien cuesta mirar a la cara… y todo eso, por ti.
Vuestro párroco, Julio.


