Sabemos lo que hay que hacer… pero ¿lo hacemos?
El reciente viaje del Papa León XIV a África no es solo una visita lejana, sino una llamada muy concreta que llega también a nuestra parroquia. Lo que el Santo Padre ha visto allí, pobreza, dificultades, pero también una alegría sorprendente y una gran capacidad de encuentro, nos invita a revisar cómo vivimos nosotros aquí, en nuestro día a día.
En aquellas tierras, muchas personas esperan durante horas simplemente para saludar, para compartir un momento, para sentirse parte de algo. Y eso nos hace pensar: en nuestro pueblo, donde tenemos más comodidades, ¿sabemos detenernos para saludar, para escuchar, para interesarnos de verdad por los demás? A veces vivimos con prisa, encerrados en lo nuestro, y dejamos pasar oportunidades sencillas de encuentro.
Quizá esta semana podemos empezar por algo muy concreto: saludar con calma, preguntar de verdad “¿cómo estás?”, dedicar unos minutos a alguien que sabemos que está solo, o simplemente escuchar sin mirar el reloj. Son gestos pequeños, pero cambian el ambiente de una comunidad.
El Papa nos invita también a tender puentes. En África lo ha hecho en medio de conflictos y divisiones, promoviendo el encuentro y la reconciliación. Aquí, en nuestra parroquia, esto puede traducirse en dar el primer paso para arreglar una relación rota, en no alimentar críticas o comentarios que separan, en elegir no hablar mal de otros cuando estamos en grupo o en familia.
Construir la paz empieza en lo cotidiano: en casa, teniendo paciencia; en el trabajo, actuando con justicia; en la parroquia, participando más activamente y no quedándonos como simples espectadores. Tal vez podemos proponernos venir a la Eucaristía con más conciencia, colaborar en alguna actividad, o estar disponibles cuando se necesite ayuda.
El viaje del Papa nos recuerda también que todos formamos una sola familia. Esto puede concretarse en estar más atentos a quienes pasan necesidad en nuestro entorno. No hace falta ir lejos: en nuestro propio pueblo hay personas mayores que viven solas, familias que atraviesan dificultades o vecinos que necesitan compañía más que cosas materiales. Una visita, una llamada o un pequeño gesto pueden marcar la diferencia.
Frente a un mundo que muchas veces se cierra, el Santo Padre nos invita a abrirnos, a salir al encuentro, a implicarnos. No con grandes palabras, sino con decisiones sencillas y constantes. Porque la transformación empieza ahí, en lo pequeño, en lo que está en nuestras manos cada día.
Por eso, hoy podemos preguntarnos con sinceridad: ¿qué gesto concreto voy a cambiar esta semana para construir más paz a mi alrededor? Pidamos al Señor, por intercesión de Nuestra Señora de la Paz, que nos ayude a pasar de las ideas a los hechos, y a ser una parroquia donde se note la cercanía, la alegría y el compromiso cristiano. La paz comienza en lo pequeño, cuando cada uno da el paso.
Vuestro párroco, Julio


