Rincón Carmelitano

DESPUÉS DE LA FIESTA

Cuando escribimos esto, nos preparamos para la fiesta de la Virgen del Carmen, que ya habrá pasado cuando lo leáis. Pero como ayer ya tuvimos el primer día del triduo, os queremos agradecer vuestra participación. En ella se demuestra la devoción a la Virgen y también la cercanía a nosotras, al menos, eso percibimos. Gracias. Esperamos que como pidió D. Enrique, la participación siga creciendo.

Os recordamos las tres cosas que el padre Vicente mostró en Santa Teresa como vivencia del amor a la Virgen: la invocación, pidiéndole que fuera su Madre ante su prematura orfandad y viviendo a todo lo largo de su vida una relación filial y muy cercana con Ella. La devoción a sus imágenes, como demuestra cuando colocó en el sillón prioral una imagen de la Virgen diciéndoles a las monjas que Ella sería realmente la priora; con este gesto se empezó a ganar a las hermanas que la rechazaban a ella como tal, y María cumplió maravillosamente el encargo, claro. La tercera nota es el rezo de oraciones marianas como la Salve y el Rosario. Son tres aspectos al alcance de todos, que concretan nuestra actitud filial con nuestra Madre, la alimentan y la van arraigando.

La Virgen es la Madre de todos, cierto, pero ¡uno a uno!, no somos para Ella una masa, sino que cada uno somos únicos; por eso nuestra manera de relacionarnos con María, es también única. Por ejemplo, a Santa Teresa le ayudaba el rezo del Rosario, sin embargo a Santa Teresita, pues no, prefería hablar con la Virgen sin oraciones hechas, llegando a escribir en la Historia de un alma, que le resultaba una verdadera penitencia el Rosario, lo cual se apresuró a quitar su hermana cuando se publicó por considerarlo poco edificante. Sin embargo eso demuestra, más bien, que la Virgen es la Madre que no desea sino nuestro amor expresado de manera personal. Que cada uno descubra el modo en el que el Espíritu Santo le sugiere para vivir con gozo y libertad interior el amor a la Madre.

Hermanas Carmelitas

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