Rincón Carmelitano

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Santa Teresita, valoraba esta gracia del Bautismo como un don muy especial del Señor, porque con el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo, y somos incorporados a su Iglesia.

«Y Santa Teresita le pide al Señor el día de su profesión:

¡Oh, Jesús, divino Esposo mío, que nunca pierda yo la segunda vestidura de mi bautismo! Llévame antes de que cometa la más ligera falta voluntaria. Que no busque yo, ni encuentre, cosa fuere de Ti, que las criaturas no sean nada para mí ni yo nada para ellas, ¡que tú Jesús, lo seas todo para mí! Que las cosas de la tierra no lleguen nunca a turbar mi alma, que nada turbe mi paz, Jesús, no te pido más que la paz, y también el amor, el amor infinito, sin otro límite que tú mismo…, el amor cuyo centro no sea yo, sino tú, Jesús mío. Jesús que muera mártir por ti, con el martirio del corazón o del cuerpo, o mejor, con los dos… Concédame la gracia de cumplir mis votos en toda en toda perfección, y hazme comprender lo que una esposa tuya debe ser.

Jesús. Que se cumpla en mí perfectamente tú voluntad, que consiga llegar al puesto que tú fuiste a prepararme.

Haz, Jesús, que salve muchas almas, que ninguna se condene hoy (es el día de su profesión) Jesús perdóname, si digo cosas que no te debiera decir, solo quiero alegrarte y consolarte»

 Sería bueno que recordáramos el día de nuestro bautizo, y darle gracias a Dios por el regalo de hacernos sus hijos y miembros de su Iglesia, que es mayor regalo que el Señor nos ha podido hacer.

CARMELITAS DESCALZAS

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