Editorial

El camino de la cruz

El evangelio de este domingo nos presenta un momento decisivo en la vida de Jesús y de sus discípulos. Jesús les revela que su misión no será fácil, sino que implicará sufrimiento, rechazo, muerte y resurrección. Esta noticia no es bien recibida por Pedro, que se atreve a reprender a su Maestro, diciéndole: “«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». (Mt 16:22).

Pedro no comprende el plan de Dios, que quiere salvar al mundo por medio de la entrega amorosa de su Hijo. Pedro piensa como los hombres, no como Dios. Por eso, Jesús le responde con dureza: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios». (Mt 16:23).

Jesús llama a Pedro “Satanás”, que significa “adversario”, porque con sus palabras le está tentando a apartarse del camino que el Padre le ha trazado. Pedro quiere un Mesías triunfante, poderoso, glorioso, no un Mesías sufriente, humilde, crucificado. Pero Jesús sabe que solo por medio de la cruz puede vencer al pecado y a la muerte, y abrir las puertas del cielo a la humanidad.

Jesús no solo anuncia su pasión, sino que también invita a sus discípulos a seguirle por el mismo camino. Les dice: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. (Mt 16:24). Estas palabras nos interpelan también a nosotros hoy. ¿Qué significa negarse a sí mismo? ¿Qué significa tomar la cruz? ¿Qué significa seguir a Jesús?

Negarse a sí mismo significa renunciar al egoísmo, al orgullo, a la comodidad, a la ambición, a todo lo que nos aleja de Dios y de los demás. Significa poner a Dios en el centro de nuestra vida, y amarle con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente. Significa también amar al prójimo como a nosotros mismos, y servirle con generosidad y alegría.

Tomar la cruz significa aceptar con fe y esperanza las dificultades, los sufrimientos, las pruebas que se presentan en nuestro camino. Significa ofrecerlos con amor a Dios, uniéndolos al sacrificio de Cristo en la cruz. Significa también cargar con las cruces de los demás, ayudándoles a llevar sus cargas y compartiendo sus dolores.

Seguir a Jesús significa imitar su ejemplo, su actitud, su estilo de vida. Significa escuchar su palabra y ponerla en práctica. Significa participar en su misión y ser testigos de su amor en el mundo. Significa estar dispuestos a dar la vida por él y por el evangelio.

Jesús nos advierte que este camino no es fácil ni cómodo. Implica una lucha constante contra el mal, contra el mundo y contra nosotros mismos. Implica una renuncia a lo que el mundo nos ofrece: el placer, el poder, la riqueza, la fama. Implica una pérdida aparente de nuestra vida.

Pero Jesús también nos promete que este camino es el único que nos lleva a la verdadera felicidad y a la vida eterna. Nos dice “Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará”. (Mt 16:25). Estas palabras son una paradoja, una contradicción aparente que encierra una profunda verdad. Solo quien se entrega por amor encuentra el sentido de su existencia. Solo quien se vacía de sí mismo se llena de Dios. Solo quien muere al pecado resucita a la gracia.

No tengamos miedo a las cruces que estemos viviendo o a las que están por venir, porque no estamos solos. Jesús va delante de nosotros, y nos acompaña con su gracia. María, nuestra Madre, también nos acompaña con su intercesión y su consuelo. Y la Iglesia, nuestra familia, nos acompaña con su oración y su comunión. Sigamos a Jesús por el camino de la cruz, y encontraremos la vida. Amén.

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