“VILLARENCAMENTE”
Queridos hermanos y hermanas de Villar del Arzobispo:
Se acercan las fiestas patronales y aparece en el corazón de nuestro pueblo una alegría que palpita con fuerza cuando llegan estos días de fiesta. Es la alegría que nace del encuentro, de los abrazos que se cruzan en la plaza, de las risas que resuenan en las calles adornadas. A lo largo del año, vamos calentando motores celebrando la alegría del Carnaval, donde el disfraz se convierte en excusa para celebrar la vida; es la alegría de la olla churra, donde el compartir el pan se transforma en gesto sagrado de fraternidad… Estas tradiciones, que año tras año se renuevan, no son solo fiestas: son el latido de un pueblo que sabe que la vida, cuando se vive juntos, sabe a fiesta verdadera.
Pero hay otra alegría, más honda y perdurable, que no brota solo de lo humano, sino de lo divino. Es la alegría que viene de lo alto, la que ilumina nuestros días con la certeza de que somos parte de una gran familia, la de los hijos de Dios. Este año, mientras celebramos los 450 años de nuestra Parroquia, miramos hacia atrás con el corazón agradecido. Cuatro siglos y medio de historia, de bautismos que nos hicieron hermanos, de bodas que unieron destinos, de funerales que nos enseñaron a esperar contra toda esperanza. Aquí, en esta tierra bendita, generaciones de villarenses han echado raíces profundas, no solo en el suelo que pisamos, sino en la fe que nos sostiene.
Las fiestas pasan, las calles se renuevan, pero hay algo que nunca cambia: somos una comunidad que nace y se alimenta en la Parroquia, casa común donde todos encontramos cobijo. Y en esta casa, cada gesto de generosidad, cada flor que embellece nuestro pueblo, cada esfuerzo por mantener vivas nuestras tradiciones, es una semilla de esperanza que florece en el corazón de Villar.
Por eso, en estos días de fiesta, quiero dar gracias a todos los que, con manos callosas y corazón generoso, trabajan sin descanso para que San Roque sea celebrado con el esplendor que merece. A los que dedican horas, noches y sueños para que las calles brillen, la música suene y los corazones se llenen de gozo. A los que, día a día, con su trabajo callado, hacen que Villar crezca no solo en belleza, sino en humanidad.
Que María, nuestra Madre y Reina de la Paz, que nos bendice cada 24 de enero con el fruto de su vientre, nos cubra con su manto amoroso, y que San Roque, nuestro patrón y protector, interceda por nosotros. Que estas fiestas, celebradas en acción de gracias, nos recuerden que la verdadera alegría es aquella que nace cuando lo humano y lo divino se encuentran.
¡Felices fiestas, querido pueblo de Villar! Que la fe que nos une y la alegría que nos hermana sean siempre nuestro mayor tesoro.
Con todo mi cariño y bendición, Manuel J. Monteagudo.
Párroco de Villar del Arzobispo


