“HAY UN CUARTO LUGAR”
El domingo 31 de mayo celebramos uno de los misterios, de los dogmas más impresionantes y bellos de la fe cristiana: El misterio de la Santísima Trinidad.
La teoría básica todos la tenemos en nuestra cabeza: con el misterio de la Santísima Trinidad nos referimos a que creemos en un solo Dios que son tres Personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Tres Personas distintas, pero un solo Dios. Son iguales en su naturaleza divina (un solo Dios), pero se distinguen por sus relaciones entre ellas. Os pongo un pequeño párrafo del Catecismo para intentar ilustrar esto:
La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo». (CIC, 48).
Vale, ha concluido la primera parte de la hoja. Hace tiempo, un gran profesor que tuve, precisamente en la asignatura de “Dios, Uno y Trino”, nos dijo el primer día de clase la siguiente expresión: “Sin el misterio de la Trinidad no seríamos ni cristianos ni católicos.” Y yo me atrevería a añadir: No seríamos nada.
¿Por qué? Piénsalo. En el bautismo, la fórmula que se dice en el momento en el que se derrama el agua bendita sobre la cabeza de la persona, se dice: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Y si hacemos un repaso por el resto de los sacramentos, veremos cómo en todos, sin excepción, está la presencia y la acción del Dios trinitario: el la eucaristía damos gracias al Padre por el gran regalo del Cuerpo y la Sangre de su Hijo, que se hace presencia por el Espíritu Santo; en el matrimonio, se expresa de forma clara que esa unión está establecida desde el inicio de todo, por designio del Padre es elevado a sacramento por el Hijo y es el Espíritu Santo el que hace actual (aquí y ahora) que ese “sí, quiero” muy humano se convierta en sacramento divino gracias a la bendición nupcial… Y así, el resto. Sin la Trinidad, no somos católicos.
Ni siquiera cristianos. Reflexiona en base a unas pistas que te voy a dar. Hemos dicho que creemos en un Dios trinitario (Padre, Hijo y Espíritu Santo). Podemos decir que creemos en un Dios que es comunidad de Personas divinas. Eso quiere decir que el Padre no existe solo solísimo, ni el Hijo, ni el Espíritu Santo… sino en comunidad. Las pistas están dadas. La pregunta es: ¿Qué es la Iglesia católica? Impresionante comprobar como la Iglesia está creada a imagen de la Trinidad, porque Dios ha querido que no nos salvemos solos, sino en comunidad de hermanos. La Iglesia está llamada a reflejar esta comunidad de amor entre los hermanos, de igual modo que Dios es la comunidad de las Tres Personas divinas.
Sin la Trinidad no existiríamos. Si me dejáis, voy a cambiar un poco la frase: Sin la Trinidad, nuestra existencia no sería por puro amor, sino por conveniencia o necesidad. Resumiendo mucho: Si Dios solo fuera una Persona divina, sola solísima en todo el universo… y de golpe nos crea a los humanos, enseguida podríamos pensar: “claro, nos ha creado porque estaba solo, nos necesita para sentirse amado.” Pero no es así. El misterio de la Trinidad nos enseña dos cosas preciosas: Que Dios, por ser comunidad de amor divino, podemos decir que ya tiene todo el amor que “podría necesitar.” Entended esta frase. Es decir, el amor que hay entre el Padre y el Hijo, que es el Espíritu Santo, es de una magnitud tan profunda y potente que ese amor entre el Padre y el Hijo no es un sentimiento, sino una Persona, la tercera Persona de la Trinidad, el Espíritu Santo.
Y de ahí la cuestión: qué belleza constatar que Dios al crearte no lo ha hecho por necesidad o por sentirse solo… Te ha creado desde la más pura e inimaginable libertad y gratuidad. Por puro amor a ti, pero sin necesitar nada de ti. Porque Dios ya lo tiene todo, ya tiene todo el amor que puede necesitar. Pero ahora, también te tiene a ti. ¿Y qué quiere hacer contigo? Que también entres con Él, en ese cenáculo de amor con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Por decirlo de alguna manera: en la Trinidad hay preparado un cuarto lugar. Para ti.
Vuestro párroco, Julio.


