EL ESCAPULARIO DE LA VIRGEN DEL CARMEN.
En el 775 aniversario de la entrega del escapulario a San Simón Stock, la familia carmelitana no se limita a recordar un acontecimiento del pasado, sino que vuelve la mirada hacia María para redescubrir en ella el corazón de su vocación. Los y las carmelitas queremos vivir en obsequio de Jesucristo, tal como pide nuestra Regla. y para aprender ese camino de entrega, contemplamos a la Virgen María como Madre, hermana y modelo perfecto de la vida creyente.
Por eso, llevar el escapulario no pude reducirse a una practica externa ni un signo de protección entendido superficialmente. Es aceptar la pedagogía espiritual de María y dejarse conducir por ella hacia una vida plenamente evangélica. Bajo su manto, el creyente a prende a vivir en obsequio de Jesucristo, con un corazón disponible para la oración, la confianza y el servicio. Como aconsejaba Santa Teresa de Jesús: «Pues tenéis tan buena Madre, imitarla».
Virgen María, madre y hermosura del Carmelo, compañera de camino y maestra de vida, cúbrenos con tu manto y enséñanos a revestirnos de tus virtudes: tu fe confiada en la noche, tu escucha silenciosa, tu disponibilidad generosa y tu amor humilde y servicial. Que el signo del escapulario sea en nosotros memoria viva del Evangelio, llamada constante a la conversión u vínculo de comunión contigo. Que nunca lo reduzcamos a un gesto externo, sino que lo vivamos como compromiso de una vida transformada por el amor.
Hermanas Carmelitas


