Rincón Carmelitano

SED SANTOS PORQUE YO SOY SANTO

( Sor Isabel de la Trinidad)

Es el Señor quien habla de esta manera. Sea cual fuere nuestro estado de vida o el hábito que llevemos, cada uno de nosotros tiene que ser el santo de Dios. ¿Quién es, pues, más santo?

Quien más ama, quien contempla más a Dios y satisface más plenamente las exigencias de la mirada divina. ¿Cómo satisfacer las exigencias de la mirada de Dios ?Permaneciendo sencilla y amorosamente en su presencia para que pueda reflejar en nosotros su propia imagen como se releja el sol en un limpio cristal.

Dice un piadoso autor que la perfección más elevada en esta vida consiste en permanecer de tal modo unido a Dios, que el alma con todas sus facultades y potencias se halle recogida en El y todos los afectos humanos, unido en el gozo del amor, encuentren solamente reposo en la posesión del Creador.

La imagen de Dios impresa en el alma, está constituida efectivamente por el entendimiento, la memoria y la voluntad. Mientras estas facultades no posean la imagen perfecta de Dios, carecen de la semejanaza divina que tuvieron en el día de la cración.

Dios es la forma del alma y Dios debe imprimirse en ella como el sello en la cera, como la etiqueta en su objeto. Ahora bien; esto se realizará en toda su plenitud cuando el entendimiento esté plenamente iluminado por el conocimiento de Dios, cuando la voluntad se halle encadenada al amor del soberano Bien, cuando la memoria se encuentre plenamente absorta en la contemplación y gozo de la felicidad eterna. Como la vida de los Bienaventurados consiste en la posesión perfecta de ese estado, es evidente que la posesión inicial de semejantes bienes constituyen la perfección en esta vida, identificarme con El que Cristo sea mi vida.

Para esto, escuchemos las palabras del Papa León XIV, que nos invita a vivir en fe profunda, no religiosidad.

Hermanas Carmelitas

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