MARÍA MODELO DE VIDA DE TODO CRISTIANO
El Carmelo ha sido llamado tradicionalmente «la Orden de María». Esta afirmación no expresa sólo una devoción afectiva, sino una profunda identificación espiritual. Revestirse del escapulario significa, en realidad revestirse interiormente de las actitudes de María para configurarse más plenamente con Cristo.
Ante todo, María es modelo de fe. Una fe silenciosa y perseverante, que permanece firme incluso cuando no comprende del todo los caminos de Dios. Ella acoge el anuncio del ángel sin exigir pruebas, atraviesa la oscuridad de Belén. El silencio de Nazaret y el dolor del Calvario sostenida únicamente por la confianza en el Señor. Su camino anticipa esa noche de la que habla san Juan de la Cruz: la fe desnuda que se abandona enteramente en Dios cuando faltan las seguridades humanas.
María es modelo de contemplación. El Evangelio la presenta guardando y meditando todas las cosas en su corazón. En Ella descubrimos el silencio habitado, la memoria amorosa de Dios, la atención constante a su presencia: La contemplación no consiste en apartase de la vida, sino en mirar toda la realidad con los ojos de Dios. Así aprende la carmelita a vivir en escucha, dejando que la Palabra de Dios descienda hasta lo más hondo del alma.
«Dulce Madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes. Ven conmigo a todas partes, y nunca solo me dejes. Ya que me proteges tanto como verdadera Madre. Haz que me bendigan el Padre el Hijo y el Espíritu Santo.»
Papa León XIV
Hermanas Carmelitas


