Rincón Carmelitano

LA VIRGEN EN ISABEL DE LA TRINIDAD

( Carmelita Descalza)

Santa Isabel de la Trinidad vivió desde niña una fuerte piedad mariana expresada en lo usos y costumbres de su época. Ya en el Carmelo esta devoción, se hizo más intensa y más honda, al acercarse a María y penetrar en su misterio desde la fuente viva de la revelación evangélica. Es a la luz del Evangelio donde Isabel descubre a María en toda su plenitud, al contemplarla, de manera especial, a la luz del misterio de la Encarnación.

María es para Isabel la mujer que dijo «sí» a Dios, hasta las últimas consecuencias, la mujer del «Fiat» total y absoluto. La que puso a disposición de la Trinidad todo lo que era

y tenía: hasta sus entrañas virginales, para dar carne en ellas al Verbo. La mujer que con su sí se convirtió en la nueva «arca de la alianza» el lugar de la presencia del Dios-con nosotros, la casa habitada por la Trinidad.

A través de este misterios de la encarnación, Isabel ve realizado en María el ideal de la contemplación, que es también su propio ideal de vida. Y así para Isabel, María es, fundamentalmente y por encima de todo, la Virgen de la contemplación. Es la mujer que vive hacia dentro de sí misma, atenta siempre a la presencia que habita; la mujer que desde el profundo silencio guarda y medita en su corazón la palabra de Dios en su vida. Por eso, para Isabel, María es también la mujer la de la adoración, la que sabe acoger y reconocer como nadie el «don de Dios» que llena su vida y le da plenitud. Sí, María, en la encarnación, es la mujer del silencio, del recogimiento y de la adoración.

Hermanas Carmelitas

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