RINCÓN CARMELITANO

Esta semana las hermanas nos ceden su apartado para poder hablar de la COMUNIÓN ESPIRITUAL. Gracias.

COMUNIÓN ESPIRITUAL

Este duro momento histórico que estamos viviendo, sin poder participar en la Eucaristía, ni comulgar, me está haciendo descubrir el valor de la Comunión Espiritual. He recordado que esta oración me la enseñaron cuando tomé la primera comunión, y ¡que pocas veces la he rezado! Estoy reviviéndola y me doy cuenta de que la sé de memoria, pero estoy descubriendo ahora el importante sentido que tiene: avivar en el corazón el deseo ardiente de recibir a Jesucristo sacramentalmente.

En el sacramento de la Eucaristía podemos distinguir: el efecto del sacramento que es la presencia real de Jesucristo bajo la especie del pan y del vino; y el fruto o la gracia, que es la comunión con Jesucristo, que se produce en la persona cuando comulga.

De manera ordinaria, la gracia se nos regala en los sacramentos; pero Dios, que no está atado a los sacramentos ni a nada, de manera extraordinaria puede conceder la gracia y el fruto de un sacramento a alguien sin que participe sensiblemente de él. Cuando rezamos la comunión espiritual con fe y con el deseo ardiente de recibir esa gracia de la comunión con Cristo, se nos regala la gracia del sacramento como si hubiéramos comulgado físicamente. La unión que se realiza es tan fructífera como la sacramental.

Tal vez el ayuno eucarístico al que nos vemos obligados, nos puede ir bien para avivar el deseo personal de recibir sacramentalmente a Jesucristo. Aprovechemos esta coyuntura forzada por el coronavirus, para redescubrir la importancia de la comunión espiritual y hacerla cuantas veces nos sintamos débiles o sobrepasados en nuestra vida de cada día, porque con la Comunión Espiritual nos ponemos en presencia de Jesús Sacramentado y lo abrazamos como si ya lo hubiéramos recibido.

Asun Ramírez

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