Editorial

COMUNIÓN

Se me hace especialmente extraño comenzar a escribir este editorial. Y digo que se me hace raro, porque la situación y los días que estamos viviendo no son para menos. Aproximadamente desde el pasado jueves 12 de Marzo, es cuando empezamos a ver que la situación era especialmente seria y grave. Desde ese día mucha incertidumbre, miedo, temores, decisiones, situaciones que no habíamos vivido antes, o al menos, en mi caso. ¿Qué hacer, abrimos, cerramos, cancelamos misas?…y entre medias un aluvión de información, cambiante los primeros días y mucho más seria conforme iba pasando la semana.

Es cierto, la situación es grave, no lo vamos a negar. Pero ante una situación de estas características, estoy seguro que vamos a salir fortalecidos. Es una pena enorme que tenga que ocurrir un acontecimiento tan grave, en el que tantas y tantas personas se van a quedar en el camino, para darnos cuenta de tantas y tantas cosas…la vida nos está cambiando y, a mi juicio, ya nada volverá a ser como antes. No lo digo con tono catastrofista, (soy optimista por naturaleza),sino, que estoy seguro de que de esta situación vamos a salir totalmente renovamos y nuestros hábitos y costumbres van a cambiar.

Y ante la nueva situación de confinamiento en nuestras casas, ¿Qué hacer? Pues lo que venimos haciendo todos estos días…oración, unidad, fraternidad, comunión. Puede sonar contradictorio, pero quizá sea algo que muchos sentimos, nos sentimos más unidos ahora que antes…antes nos podíamos abrazar, besar, saludar, quedar para vernos y charlar…el “ángelus” (y no me refiero al de rezar)…en cambio, ahora que estamos más alejados físicamente, nos sentimos más cerca unos de otros a través de la oración y la eucaristía…La iglesia no se ha cerrado, la iglesia está abierta…las campanas suenan, se sigue rezando en ella y lo más importante se continúa celebrando la eucaristía todos los días.

Os puedo asegurar que se hace verdaderamente raro celebrar la eucaristía en el altar mayor sin vosotros allí, sin vuestra presencia física, aunque sí siento vuestra cercanía. Me dirijo a vosotros, no a bancos vacíos (por poco tiempo), sé que estáis al otro lado, en vuestras casas…muchos de rodillas ante el Señor en la Eucaristía, muchos con una fe inquebrantable redescubriendo la Comunión Espiritual…Tengo tantos testimonios de vosotros…de que, a pesar de estar cada uno en nuestras casas, nos seguimos sintiendo unidos, nos sentimos comunidad, vivimos la comunión en su esencia. Tenemos fama en nuestra diócesis de ser una comunidad activa, que cuida todos los detalles, que vive y participa su fe. No somos de acomodarnos ni siquiera en esta situación que vivimos…y eso sigue siendo así a pesar de nuestro confinamiento. Seguimos activos, no hay virus que pueda con la comunión de nuestra comunidad parroquial, seguimos activos, seguimos adorando, seguimos sintiendo el calor de la comunidad que ora y permanece unida…Os lo decía, que este tiempo me hace pensar en los discípulos de Jesús después de su muerte en la Cruz, cómo ellos estaban encerrados en una casa por miedo y allí estaba María, y junto a ella rezaban…Esta debe ser también nuestra actitud, la de permanecer unidos en la oración. La de sentirnos ahora más que nunca una comunidad que vive el amor, la fraternidad, la solidaridad, la comunión.

Os agradezco vuestros mensajes y llamadas preocupándoos por mí, estoy bien, no os preocupéis. Rezando unido a vosotros me siento muy acompañado. Os mando a todos un caluroso y afectuoso abrazo.

Raúl García Adán

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