Editorial

Alegorías de María


Durante estos días de Novena, estamos llevando a cabo un trabajo alegórico. Cada tarde nos acercamos a María a través de una imagen, de una representación que en su origen, en su esencia o en su comparación, nos hablan de María, de sus virtudes, de su fe, de su testimonio de vida como discípula y seguidora de Jesús de Nazaret.
La alegoría tiene un objetivo muy concreto, se crea para que lo visual nos sirva de herramienta para retener aquello que en María nos parece digno de reconocimiento o alabanza. Y es que hoy, más que nunca, vivimos en un mundo de imágenes que con la mirada transmite y toma conciencia de las cosas, un mundo que vive, y también cree especialmente con la vista.
Este aspecto de lo visual nos puede llevar durante estos días a una interesante reflexión, ¿ qué es lo que vamos a ver en María, que hay en ella que sigue ejerciendo una gran fuerza atrayente hacia quienes la veneramos como Madre de la Paz?
En primer lugar vemos en María a una mujer sencilla, cercana a nosotros en muchos aspectos de su vida. María conoce los sufrimientos y dificultades de una familia, María ha vivido junto con todos nosotros la duda, la incomprensión y el desconcierto de los planes de Dios. Este aspecto de la pequeñez de María nos ayuda a sentirnos identificados con ella, y a mirar sus respuestas, sus reacciones, su forma de vida como un ejemplo, como un itinerario que merece la pena seguir para alcanzar una vida plena, sencilla, y feliz.
También es muy interesante como nos atrae el amor de María, como en su maternidad nos sentimos acogidos, queridos, cuidados y protegidos. Posiblemente porque es lo que no vemos en nuestro mundo, el testimonio de alguien que verdaderamente hace de su existencia un ejercicio de amor, que sin esperar nada a cambio, que sin forzarnos a nada, cada día nos hace tener esta experiencia esencial que anida en el corazón humano, la del amor de Dios, manifestado de una forma especial en el corazón de madre de María, y en su dimensión de madre de la humanidad salvada por Cristo.
Así, María también nos permite ver una imagen de la esperanza, de aquello que queremos conseguir y alcanzar. La Virgen de la Paz es una talla muy hermosa, como decía D.Vicente Llatas- “un dechado de hermosura”, y su rostro encantador, su mirada dulce, su belleza equilibrada y clásica es manifestación de lo que al final del camino nos gustaría alcanzar. La esperanza es que nuestra vida, creciendo, purificándonos, cayendo y levantándonos, se convierta en un camino hermoso de alguien que ha sabido caminar en fidelidad, en humildad, en servicio, en amor a Dios y a los hermanos.
Las alegorías nos invitan a mirar a María, aprovechemos estos días de novena para llevar a cabo este ejercicio tan gozoso, sencillo y al mismo tiempo edificante, contemplar el rostro maternal de nuestra Madre, la Virgen de la Paz.


Quique, vuestro cura

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