ORACIÓN A JESÚS EN EL TABERNÁCULO
(Compuesta por Santa Teresita del Niño Jesús)
¡Oh Dios escondido en la prisión del tabernáculo!, con alegría vengo a vuestro lado todas las noches, para agradeceros las gracias que me habéis concedido durante el día e implorar el perdón por las faltas que he cometido en esta jornada, que acaba de pasar como un sueño…
¡Qué feliz me sentiría, oh Jesús, si hubiera sido enteramente fiel! Pero, ¡ay! muchas veces por la noche me siento triste, porque veo que hubiera podido responder a vuestras gracias… Si me hubiese mantenido más unida a Vos, y me hubiese mostrado más caritativa con mis hermanas, y hubiese sido más humilde y mortificada, me costaría mucho menos conversar con Vos en la oración. Sin embargo ¡oh, Dios mío!, lejos de desalentarme a la vista de mis miserias, vengo a Vos confiadamente, acordándome de que no tienen necesidad de médico los que gozan de buena salud, sino los enfermos. Os suplico, pues, que me curéis, que me perdonéis, y me acordaré, Señor, de que el alma a quien más habéis perdonado debe también amaros más que las otras…Os ofrezco todos los latidos de mi corazón como otros tantos actos de amor y reparación y los uno a vuestros méritos infinitos.
Os suplico ¡oh, divino Esposo mío! que seáis vos mismo el reparador de mi alma, que obréis en mí sin hacer caso de mis resistencias; en una palabra, no quiero tener más voluntad que la vuestra, y mañana, con la ayuda de vuestra gracia, volveré a empezar una vida nueva, cada uno de los instantes será un acto de amor y de renunciamiento. Después de haber estado viniendo así cada noche, al pie de vuestro altar, llegaré, por fin, a la última noche de mi vida; entonces comenzará para mí el día sin ocaso de la eternidad, en el que descansaré, sobre vuestro divino Corazón, de la luchas del destierro!. Amén.
Hermanas Carmelitas


