RINCÓN CARMELITANO

EDITH STEIN, PERSISTENTE VOCACIÓN AL CARMELO TERESIANO

Cuando a las tres y media de la tarde del domingo 28 de mayo de 1933, la filósofa convertida hace 12 años, es llamada al locutorio del convento de Carmelitas en Colonia, le mueve el deseo por haber cumplido el anhelo pujante de seguir a su mentora cristiana y religiosa, Santa Teresa de Jesús, hasta la clausura. ¿Qué ha tenido que acontecer para que los pies y el corazón de esta mujer hebrea y católica le lleve a pedir la admisión entre las hijas de la santa abulense a la edad de 42 años, tras una larga espera teniendo a sus espaldas una exitosa carrera intelectual?

Una declaración de EDITH puede arrojar luz sobre el interrogatorio planteado. A la hora de defender su petición de ingreso ante la comunidad de Colonia, exhibe con convicción su curriculum religioso, al fin de ganarse el beneplácito de las superioras del turno al otro lado de la reja. Su relato suena así: Nuevamente di cuenta de mi camino: cómo el pensamiento del Carmelo no me había abandonado nunca; que había estado 8 años en las dominicas de Espira como profesora; cuán íntimamente había estado unida con el convento y no podía entrar allí; había considerado a Beuron como la antesala del cielo y, no obstante, nunca pensé hacerme benedictina. Siempre como si el Señor me reservarse en el Carmelo lo que sólo ahí podía encontrar. Parece que la confesión referida tuvo éxito, pues concluye: les conmovió.

«Si deseara conocer algo del espíritu del Carmelo, debería tomar en sus manos los escritos de nuestros grandes santos Teresa de Jesús y Juan de la Cruz»

Hermanas Carmelitas

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